domingo, 12 de agosto de 2012

Warabigami. Capítulo 1. Parte 3.


/7/

—La chica ha llegado.

La observan entrar desde el otro extremo del gimnasio. Su caminar es muy silencioso y el único ruido que se escucha alrededor es cuando deja caer la bolsa sobre una de las gradas. Inmediatamente se pone a calentar sus músculos sin notar la presencia de los dos hombres. 

—Ella... ¿Ella es Akane Tendo? 

—Así es. Te dije que era bonita. —dice Yamato dándole un golpe con el codo —¿O no te lo parece? 

—Es demasiado pequeña para ser imponente. 

—Espera a verla pelear. 

Yamato sale del cuarto de vigilancia y Akane interrumpe su calentamiento al escucharlo. 

—Tendo. 

Akane hace una torpe reverencia. Es evidente que está muy nerviosa. Yamato le sonríe, un poco burlón, pero también amigable.

—Tan puntual como siempre.

Se quita las gafas y las coloca en una de las gradas. De pronto se quita la chaqueta para dejar al descubierto su impresionante torso bronceado, con todos y cada uno de los músculos bien marcados. Akane reprime un gemido de sorpresa. Ya había visto al maestro de esa manera, pero nunca tan cerca. No pudo evitar sonrojarse y desviar la mirada. Traga saliva con dificultad, ahora sabe por qué las chicas están locas por él. 

—Falta un cuarto de hora para las seis, pero si estás lista podemos comenzar. 

Akane asiente. Una maraña de nervios se forma en su estómago. Comienza a hacer ejercicios de respiración para controlarse, es imperante que mantenga la calma.

—Lo primero que tienes que hacer es derrotarme. 

—¿Qué?— pregunta Akane asombrada.

—Eso, derrotarme. Mandarme al suelo. Si es posible hazlo dramático, con sangre y todo lo demás. No me importa, sólo quiero que me des lo mejor de ti.

Era todo. Estaba acabada. Nunca podría derrotarlo. No con ese abdomen de acero que se cargaba. 

—¿Estás lista?

Asiente, nada convencida, de hecho está aterrada. Es imposible que pueda lograrlo pero no le queda otra opción que intentarlo. Si no lo hace, su oportunidad está perdida. ¿Cómo podía desaprovechar esto que le estaba sucediendo? No hay alternativa: tiene que derrotarlo. Tenga que hacer lo que tenga que hacer. 

El profesor Yamato se posiciona en el otro extremo del gimnasio, pero no demasiado alejado de ella. Es un combate cuerpo a cuerpo, así que la distancia debe ser justa sólo para impulsarse. 

Akane, aún insegura, se coloca en posición de combate. 

—Una cosa más, Tendo. 

Sonríe. Es una sonrisa arrogante que la intimida, tanto que a Akane le flaquean las piernas.

—No voy a tener ninguna consideración contigo sólo por que eres una chica. 

—Eso me parece perfecto —contesta Akane con un repentino coraje. 

Yamato avanza contra ella y lanza un golpe directo a su cara, pero ella arquea el cuerpo y logra trasladarse hacia el otro lado. Akane lanza una patada contra su abdomen, otra a sus piernas, pero todas son perfectamente esquivadas por él. Cuando lo tiene muy cerca comienza a tirar golpes hacia su rostro, pero Yamato los elude con facilidad. Tiene una mano tras él y sólo la está evitando con un brazo, lo que hace que la furia de Akane se encienda. Con un impulso de su brazo la hace retroceder y perder el equilibrio, ahí aprovecha para darle un golpe seco con el dorso de la mano en el abdomen que la hace trastrabillar y perder el aire por un momento. 

—Lo mejor que tengas, Akane Tendo — dice con tranquilidad mientras Akane se recupera del golpe. 

Akane se lanza con un grito contra él. Su coraje está incrementando a cada segundo. Yamato trata de golpearla pero es ahora ella quien esquiva sus golpes con mucha facilidad. Akane tira dos patadas, una a cada extremo Yamato, lo que le hace flaquear por un momento. El hombre va contra ella y la toma por sorpresa del cuello, la hace caer en el suelo y el golpe retumba en todo el gimnasio. 

La tiene prensada contra el suelo, con la mano en el cuello, lo suficientemente apretada como para que le cause dificultades para respirar, pero nada que pudiera matarla. Su cuerpo está por encima del de ella, pero no se tocan. Akane cierra los ojos, su cara está completamente enrojecida y la falta de aire la comienza a desesperar. Es su oportunidad, no puede arruinarla es, quizá, su única oportunidad. 

Con toda la fuerza que puede reunir levanta una de sus piernas y le propina una gran patada en el torso que lo hace levantarse, también ha perdido el aire. Inmediatamente Akane se impulsa contra el suelo y desde ahí le da otra patada que acaba en su rostro, justo en su nariz. Yamato cae al suelo inmediatamente. 

Akane se deja caer de nuevo. Su urgencia en ése momento es recuperar aire y el ritmo normal de su respiración. Cuando la adrenalina empieza a amainar se da cuenta de que Yamato está sentado en el suelo, con la mano sobre su nariz, un gran chorro de sangre desciende por ella, incluso ha manchado su pantalón. 

Akane abre los ojos con sorpresa. Ha lastimado a su maestro. Se levanta con torpeza y corre hacia él.

—Profesor Yamato, ¡Lo siento! ¡Oh por Dios, cuánto lo siento! 

—Creo que me rompiste la nariz — dice con un quejido. 

Akane mueve las manos llena de nervios, no sabe qué hacer. El chorro de sangre le impresiona demasiado. 

Pero le impresiona más que el profesor Yamato suelta una imprevista carcajada.

—Creo que te tomaste lo de la sangre muy en serio, Tendo — se levanta del suelo e inclina la cabeza hacia atrás para detener un poco el flujo de la sangre —. De esto hablaba cuando te decía que me dieras lo mejor de ti. 

—De verdad lo siento, profesor— dice apenada. 

—No hay problema. Me has dado lo mejor. ¿Quién te enseñó a patear así? Estoy seguro de que podrías romper muros con esas piernas. Y pensar que te ves tan pequeña... 

—¿Hay algo que pueda hacer por su nariz? 

—Iré a la enfermería. No debe ser nada. Mientras tanto encárgate del otro. 

—¿De quién...?

—Esto no ha acabado —Yamato señala hacia el otro extremo —. Pelearás contra él. Si logras vencerlo, entonces tendrás el puesto. 

—¿Q-Qué? 

Desde la puerta, alguien camina hacia ellos. Es un chico alto, delgado pero musculoso. Tiene el cabello largo y lo lleva trenzado. Viste ropas chinas, todas de color negro. A Akane le tiemblan las piernas, después de lo que ha pasado no cree que le queden suficientes fuerzas para continuar. Además de que ese atuendo chino no puede pronosticar nada bueno. 

El chico la mira desde una distancia retirada, tanto que Akane no puede ver su rostro con facilidad. Hace una reverencia ante Akane, pero ella no la responde. Está muerta de miedo, la cabeza comienza a darle vueltas. Saltarse el desayuno no había sido una buena idea. 

—Iré a la enfermería. Ya me contarán qué pasó— dice Yamato.

Akane está a punto de decirle que no se vaya, que olvide la idea del club de Artes Marciales, que se quedará en la biblioteca si eso la salva de pelear en ése momento. No se siente nada bien, está a punto de vomitar. 

—Por cierto —el profesor se dirige al chico—. Tú tampoco le tengas consideración por ser chica, ya has visto que patea como un hombre. 

Akane se coloca en posición para atacar, pero antes de que pueda ordenar sus pensamientos lo ve correr hacia ella tan rápido que en un instante ya está lanzándole golpes por todas partes. Akane sólo puede esquivarlos, está demasiado perpleja para contrarrestarlos. Él trata de tirarla desequilibrando una de sus piernas, pero Akane la levanta antes de que él pueda tocarla. Justo cuando la alza, él ataca la otra pierna y esto la hace caer de espaldas. Akane se impulsa en el suelo para quedar de nuevo de pie. Cuando sus piernas tocan el suelo siente que van a romperse. Pero debe encontrar fuerzas, en algún lugar, no puede dejarse vencer, no ahora. 

Akane comienza a tirar patadas, pero él es más alto que Yamato y las piernas le resultan cortas. Lanza tres golpes seguidos a su torso, pero no parecen lastimarlo en absoluto. Él intercepta su brazo en uno de esos golpes y la hace dar la vuelta hasta quedar de espaldas a él. Tiene su brazo atrapado y una mueca de dolor se dibuja en el rostro de Akane. 

—Creí que eras más rápida, Tendo— le dice al oído. Es una voz con un tono de burla que no puede soportar.

Con toda la fuerza que puede reunir da unos golpes con sus pies, justo en uno de sus muslos, lo que lo hace retroceder. Ella se incorpora y está a punto de aprovechar el desequilibrio del chico para derribarlo, pero de pronto el calor abandona su cuerpo y siente un choque eléctrico recorrer sus músculos. Un pitido en el oído seguido por el silencio, su visión se va perdiendo por un túnel negro que cada vez se cierra más y más. Lo último que su ojos alcanzan a ver son un par de ojos azules que la miran con preocupación, moviendo los labios en lo que podría ser su nombre.

Después, oscuridad. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario