domingo, 12 de agosto de 2012

Warabigami. Capítulo 1. Parte 1.



Argumento: UA Ranma y Ryoga hicieron una promesa: quien se quede a su lado, quien nunca la abandone, quien siempre la proteja es quien se casará con ella. Pero Ranma ha hecho otra promesa antes, ¿cuál de ellas podrá cumplir? 


Warabigami 

por Jade Haze


Capítulo 1
parte 1

« Cuando el verano llegue
te enviaré una brisa fresca.
Cuando el invierno llegue, 
te abrazaré a mi pecho.
Mi querida niña, 
no llores, 
que la luna brillará sobre ti.
Sé una buena niña
Por favor crece, 
hacia la adultez »

/1/

No recuerda la letra, pero la melodía de esa canción está siempre en su mente: cuando corre por las mañanas, cuando toma un baño relajante, cuando camina de regreso a casa, cuando acomoda los libros por orden alfabético; en el metro, en la sala de espera del hospital, en las horas libres entre clase y clase, en su rutina de calentamiento, en sus sueños. Cada mañana, cuando despierta, cree recordar algo sobre el verano y las brisas frescas, pero al llegar la hora del desayuno todo se le ha olvidado. Tiene asuntos más importantes que atender, por ejemplo cómo pagará la renta y qué comerá durante el día. 

Mira con resignación los alimentos que se ha preparado para esa mañana: la mitad de una manzana y una taza de té, el arroz se le acabó ayer. Suspira. Esboza una sonrisa. 

—Podría ser peor. 

En efecto, podría ser peor. Si en algún momento pensara que moriría de inanición siempre podría recurrir a su hermana, quien con mucho gusto prepararía deliciosos platillos para ella. 

Mira el reloj de pared, son las seis con cuarenta y cinco de la mañana. Debe darse prisa para alcanzar el metro justo a las siete con diez —lo tiene cronometrado— y así llegar a la estación de Nerima a las siete y media, pasar por el consultorio del doctor Tofú a las siete con cuarenta y entrar al dojo Tendo a las ocho en punto. Engulle la fruta de su desayuno y deja el té a medias, mejor que se de prisa, le espera un día largo. 

Toma el bolso deportivo que ha preparado con anticipación: algunos medicamentos para atenuar dolores musculares, una botella con agua, un suéter extra, su identificación, la tarjeta del metro y las llaves de su pequeño departamento. Antes de salir se mira al espejo colgado en la pared para asegurarse de que su cabello no haría pensar que ha escapado de un hospital psiquiátrico. El espejo no le dice nada diferente de lo que le ha dicho los últimos años: una chica de altura promedio, con piernas delgadas pero fuertes, marcadas por el pantalón deportivo. Los pechos y la estrecha cintura se esconden en el mar que crea el enorme jersey azul malva —un regalo de Nabiki por navidad— que se ha convertido en su favorito últimamente. El cabello es simplemente un desorden. Siempre deseó tenerlo largo como ahora —así le gustaba más a su prometido— pero nunca creyó que fuera tan difícil mantenerlo controlado. Saca una pequeña liga de su bolso y hace una coleta baja con ella, sonríe, así está mejor. No hay maquillaje en su rostro, sino una piel que respira libremente, algo cansada por las noches de estudio y los arduos entrenamientos.

Sale de su hogar asegurandose de haber cerrado correctamente. Baja las escaleras y en el segundo piso se encuentra con la señora Naoko Fujiwara y su pequeño Hideto que se disponen también a salir. Akane cuida al niño cuando el matrimonio quiere pasar una noche a solas así que Naoko la protege como si fuera su hermana menor. Es relativamente joven, entrada en los treinta pero no más de treinta y cinco, bastante guapa y con unos impresionantes ojos verdes que Hideto heredó y en los que Akane gusta de perderse por largos ratos. 

—Akane, ¿vas de salida tan temprano? 

—Sí, voy a Nerima— sonríe —¿Ya te has despertado Hideto? 

El niño está agazapado contra el pecho de su madre, pero al escuchar la voz de Akane se mueve inmediatamente y extiende sus brazos hacia ella.

—Parece que te quiere más a ti que a nosotros —dice Naoko con una risita.

—Eso es porque soy su hermana mayor y le cubro todas sus travesuras — dice Akane sonriente y se acerca a darle un beso en la mejilla, ignorando los brazos extendidos —Hoy no Hide-chan, onee-san tiene que ir a ver a su padre. Hasta luego.

Se aleja despidiéndose con la mano. 

—Hasta luego, Akane. 

/2/

A las siete con diez, tal como lo ha planeado, el vagón del metro abre sus puertas ante ella. Trae puestos los audífonos donde escucha las lecciones que ha grabado. El nuevo ciclo escolar llegará pronto y Bioquímica le parece especialmente difícil. Así que prefiere adelantarse un poco, después de todo es su último año en la universidad y tiene que dar su mayor esfuerzo para poder graduarse con honores.

Llega cinco minutos antes de lo previsto al consultorio del Doctor Tofú, lo que le da tiempo para entablar una conversación amena con él. Le encanta aprender de su cuñado, sin embargo, debido a sus múltiples ocupaciones, es rara la ocasión en la que puede platicar con él largo y tendido. Desde que ella entró en la universidad le explica todo sobre técnicas ancestrales y sobre rehabilitación para deportistas. Piensa que es una suerte que su hermana se haya casado con un hombre tan sabio.

Después de un corto trayecto, justo a las ocho, entra por la puerta de la casa que fue su hogar durante diecinueve años. El sol otoñal ya está mostrándose en todo su esplendor y le da unos matices dorados a la casa que le hacen sentir un calor y confort que no siente en su pequeño departamento frío de Shinjuku. Le gustaría poder seguir viviendo en el Dojo Tendo, pero una vez que tomó la decisión de salir de casa, no podía echar marcha atrás. 

—¡Estoy en casa! 

Nadie contesta. Se descalza y camina hacia la cocina, Kasumi no está ahí, pero el olor del estofado de cerdo le hace cosquillas en la nariz. Huele delicioso, tal como todo lo que prepara su hermana mayor. Se acerca a la estufa y aspira con mayor profundidad. ¡Cómo le gustaría poder cocinar como ella! Pero para su desgracia "cocinar" no está en la lista de habilidades de Akane Tendo. 

Camina hacia el patio en donde por fin la encuentra. Kasumi está colgando la ropa recién lavada sobre el tendedero. La luz del sol cae sobre ella y la hace ver más preciosa que nunca. Akane piensa que cada día se parece más a su madre, pero Kasumi insiste en que es Akane quien es igual a ella. Akane no le cree, a sus ojos, su madre era demasiado bella y aunque Nabiki es realmente bonita, Kasumi es quien la refleja perfectamente. El cabello largo le cae en una coleta con mucha gracia y recuerda cuánto deseo tenerlo así cuando tuvo un fugaz enamoramiento por el Doctor Tofú. Quién diría que al final dejaría crecerlo por petición de su prometido. 

—¡Ah! Akane, has llegado. 

Kasumi se percató de su presencia y le sonríe con esa amabilidad y ternura con la que lo ha hecho desde que la recuerda. 

—¡Kasumi!— Akane corre hacia ella y la abraza por la cintura —¡Te extrañé tanto!

Kasumi sonríe y le acaricia el cabello.

—Pero hace solo una semana que estuviste aquí.

—Pero ha sido una semana difícil — dice Akane escondiendo su rostro en el pecho de su hermana, como una niña pequeña.

—Bueno, me alegra que estés aquí. El almuerzo estará preparado pronto y he hecho comida para tu semana. Mientras termino esto, ¿por qué no vas a ver a papá? Está en el patio trasero. 

/3/

Soun Tendo observa con calma el estanque de peces koi que ha estado en esa casa desde que su padre la construyó. Desde que Nabiki se fue a estudiar al extranjero con los ahorros de toda su vida, la casa se ha vuelto aún más silenciosa. Aún así se siente afortunado de tener otro hombre en casa, pues Tofú y Kasumi decidieron quedarse para cuidar de él. Tiene la esperanza de que cuando Akane se case, no se oponga a regresar a vivir en el Dojo, después de todo su esposo y ella se harán cargo de él.

—Akane —dice antes de que ella pueda anunciar su llegada.

Akane sonríe, su padre ha notado su presencia. Aunque es un artista marcial retirado, no ha perdido sus habilidades. 




—¡Papá! —dice lanzándose a él en un abrazo efusivo. —¡A ti también te extrañé!


—Yo también te extrañé, mi niña— dice sin voltear a verla, le da unas palmaditas en el brazo que se aferra a su cuello.

Akane toma asiento a su lado y suspira. Soun la observa. Ha crecido tanto últimamente que empieza a parecerle tan diferente de la niña alegre y vivaz que siempre ha sido. Sus mejillas regordetas han desaparecido y han dado paso a unos pómulos definidos y un rostro delicado. Su cuello se ve más largo y cada semana que la ve, parece que ha aumentado algunos centímetros de altura. 

—"Ishi no ue nimo sannen" —dice Soun después de un largo silencio. 

—¿Qué? — pregunta Akane

—"La paciencia todo lo alcanza"— repite.

Akane lo mira con especial interés.

 —Mi padre, tu abuelo que esté en la gloria, construyó este dojo con la intención de preservar la escuela Tendo de Artes Marciales Estilo Libre. Desde que él me heredó, dediqué mi vida a promover y cuidar este arte. —Suspiró—. Estoy feliz de que el trabajo haya rendido sus frutos y ahora ustedes sean herederos dignos de este dojo.

Akane suspira. Por alguna razón, últimamente, le molestan esas pláticas. Desde que fijaron la fecha para la boda, su padre no habla de otra cosa. Decidieron que se casarían una vez que Akane hubiese terminado la Universidad, para lo que faltaban exactamente diez meses. Pero aún así, su padre y su futuro suegro se habían empeñado en comenzar con los preparativos de la boda, tanto que ya tienen los atuendos ceremoniales listos. 

—¿Has hablado con tu prometido? — pregunta Soun, con un tono más animado.

—No aún… — dice Akane apenada —. Parece que ha estado algo ocupado como para llamarme… y yo… bueno, me estoy preparando para...

—Eso está muy mal. Si él no te llama deberías llamarlo tú. Regresó anoche de la gira. A pesar de que es un buen chico es bastante descuidado. El otro día, antes de que se fuera, lo sorpendí sin su anillo de compromiso. ¡Y estoy seguro de que ni siquiera sabía en dónde lo había dejado! ¿Puedes creerlo?

Akane se sobresalta y con discreción esconde la mano donde debería llevar el anillo. Ella también ha olvidado ponérselo después de salir de la ducha.

—A pesar de que ya están comprometidos deben trabajar en su relación. Sé que siempre estás muy ocupada, y él también, sobre todo ahora que comenzará a dar las clases en el dojo. 

Su prometido ganó el Quinto Torneo Anual de Artes Marciales Mixtas hace unos meses y todo ganador debía hacer una gira por todo Japón para promocionar la institución.  Después de anunciarse que él sería el heredero del dojo Tendo, Soun recibió a muchos alumnos interesados en entrenar en la escuela Tendo.

—Nos llevamos muy bien —dice Akane con una voz suave —No tienes por qué preocuparte.

Y es cierto. Se llevan muy bien, demasiado bien, diría ella. Él es amable, atento, educado y la protege sobre todas las cosas. Es algo posesivo, pero puede lidiar con eso. La respeta muchísimo. A pesar de estar comprometidos desde los diesciséis años sólo se atrevió a besarla hasta que cumplieron los dieciocho. Y empezaron a andar de la mano hasta los veinte, después de que él superara su irremediable timidez. Hasta el momento, era lo más lejos que habían llegado en su relación. 

—¿Por qué hoy has venido tan temprano? — pregunta Soun.

—Tengo una entrevista más tarde. 

—¿Entrevista?

—Sí, con el profesor Yamato, de la Universidad.

—¿Por qué habría de citarte un profesor fuera de clases? ¿Que no sabe que estás comprometida? 

Akane rió.

—No es eso papá, al parecer tiene algo que hablar conmigo. Volvió de China hace unos meses y ahora es el encargado del departamento de Artes Marciales en la universidad Waseda.

—¿En China? ¿Es artista marcial chino?

—Es japonés, pero se fue a China desde muy joven. Creo que enseñaba en la Universidad del Deporte de Beijing. Me pregunto por qué habrá vuelto a Japón después de tanto tiempo.

—¿Y qué tendrá que hablar contigo? 

—No tengo ni idea. Pero me pone un poco nerviosa. 

—¡El almuerzo está listo! — grita Kasumi desde el comedor.



Ambos están tan hambrientos que prefieren dejar la conversación para después. 

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