domingo, 12 de agosto de 2012

Warabigami. Capítulo 1. Parte 2.



/4/

Utilizando el brazo que tiene libre empuja la puerta de la cafetería. La campanilla anuncia que ha entrado un nuevo cliente y una de las cocineras le echa un vistazo sobre la barra. Un hombre, sentado a la derecha de la puerta, sube los ojos sobre el periódico para ver a la recién llegada, pero después de unos segundos los regresa a su lectura. Akane da un vistazo general a la clientela del lugar. Su respiración aún es agitada, pues ha tenido que subir las escaleras del metro a toda velocidad para evitar que se le hiciera tarde. 

Justo en la mesa más alejada, junto a un viejo teléfono de monedas, el profesor Yamato la espera mientras lee una novela en chino. Hay una taza de café frente a él y un cenicero con dos colillas apagadas. Akane suelta una bocanada de aire. Son casi las tres de la tarde. 

Se acerca hacia él y justo cuando está a punto de anunciarse, Yamato levanta la vista y la ve por encima de sus gafas cuadradas.

—¡Ah! ¡Señorita Tendo! — dice sonriente, sin levantarse de la silla.

—Buenos días, profesor Yamato —dice Akane haciendo una reverencia.

El hombre mira a su reloj de pulsera y sonríe para sí mismo. 

—Dos cuarenta y dos —dice sonriente —. Me gusta la gente puntual.

Akane sonríe nerviosamente y él la invita a sentarse. La camarera se acerca a la recién llegada y le pregunta si quiere algo para comer. Akane rechaza la carta y pide un vaso con agua. La verdad es que se muere de hambre, pues ya ha pasado tiempo desde que almorzó, pero tampoco era que tuviera dinero suficiente para costearse una comida, incluso en esa cafetería de mala muerte. 

—¿Está segura, Tendo?

—Sí, estoy bien. He desayunado.

—Bueno, entonces sólo tráigale una taza de café, por favor— dice Yamato mirando a la camarera. 

—Estoy bien — dice Akane apresurándose y agitando las manos frente a ella —. Sólo quiero el agua. 

—Corre por mi cuenta — le dice el hombre sonriente. 

Akane traga saliva con dificultad y se agazapa contra el asiento. Le apena el hecho de que su situación sea tan evidente. 

—Vayamos al grano — dice el hombre después de tomar un sorbo de su café —. Abriremos dos grupos de artes marciales en la Universidad Waseda, uno para principiantes y otro para avanzados. Quiero que tú te encargues de los novatos. 

Akane abre los ojos como platos. Una sensación de irrealidad le llega de golpe. 

—¿Y-yo?

—Sí, tú. Si es que puedes hacerlo, por supuesto.

Akane mira hacia un lado y al otro. No cree que eso le esté sucediendo a ella, no en esa dimensión. 

—Conozco la dinastía Tendo — dice Yamato mientras enciende otro cigarrillo —. Sé quienes son y aunque estén en decadencia es una de las pocas escuelas de las Artes Marciales Estilo Libre que quedan. Es lo que necesitamos en la universidad. Tampoco es tan importante, ni es la gran cosa, como sabrás; será un club tal como el de Kendo, el de natación o el de softball. Pero sabes que en nuestro alumnado hay pocos artistas marciales. Estás tú y ése chico del segundo grado, ¿cómo se llamaba?

—Shimamoto —. responde Akane. 

—¡Ah sí! Shimamoto. Te seré sincero, lo consideré primero a él. Lo llamé hace unos días para hacerle unas pruebas. Sé que tú tienes más derecho, después de todo eres hija de un artista marcial reconocido y Shimamoto es sólo un amateur. Tú estás en sexto grado y, naturalmente, tienes más experiencia. Pero sabes, Shimamoto es hombre, tiene más presencia. Desgraciadamente en esto de las artes marciales los músculos cuentan mucho. Además, hemos hecho preinscripciones al club y la mayor parte de los alumnados son hombres… no, te diré la verdad, todos son hombres. Son de grados inferiores al tuyo, la mayoría son de primero y tercer grado, tenemos algunos chicos de preparatoria. Pero pensé que no se sentirían muy cómodos teniendo a una mujer por maestra. Tú sabes que no es común... 

Akane tiene sentimientos mezclados. Primero, se siente muy satisfecha y contenta de recibir una oportunidad así, pero también se siente furiosa por lo que el profesor Yamato le dice. Siempre ha tenido que luchar el doble para hacerse un lugar en las Artes Marciales, todo por ser mujer.

—…pero Shimamoto no pasó las pruebas. Vamos, es una gran masa de músculo pero, en mi opinión, es demasiado tosco para moverse con facilidad. Es como si sus enormes brazos le estorbaran al lanzar un golpe y es muy torpe para esquivar patadas. No me sirve.

Ve a Akane por encima de los lentes de pasta negra. Es un hombre entrado en los cuarenta años, pero bastante atractivo y tan bien conservado que aparenta menos edad. En alguna ocasión las compañeras de Akane estuvieron extasiadas durante un buen rato por haberlo visto entrenar sin camisa. A Akane le intimidaba un poco su belleza, pero le intimidaba más la mirada indiferente, la voz gruesa y la facilidad con la que podía envolver a cualquiera en su discurso, que a veces estaba lleno de ironía y sarcasmo. 

—Por ello, mi última opción eres tú. Sé que es duro decírtelo de esta manera, pero así es como son las cosas — le echa un vistazo a Akane, quien lo mira fijamente a los ojos —. Si no considero que tú seas apta para enseñar artes marciales, entonces el club se cancelará. Y al demonio con el presupuesto. En cambio, si consigues impresionarme entonces te quedarás con el puesto, es por lo menos un contrato de un año. Tu beca del cincuenta por ciento sería una beca del cien por ciento. No tendrías que pagar un maldito centavo por la Universidad, además ganarías cinco veces más de lo que ganas en ése misero empleo en la biblioteca. 

Akane había aplicado para una beca en la Universidad Waseda, pero al ser tan cara, tuvo que buscar un trabajo para poder costearla. Con su pobre experiencia no había mucho que hacer así que le dieron un empleo en la biblioteca de la Universidad que la mantenía atada hasta la noche y los fines de semana, sin un sueldo vacacional y con pocos días de descanso. Cualquier cosa le parecía mejor que eso. 

—En otras palabras, Tendo, es tu oportunidad de oro.

Se acerca a ella para verla de cerca. Los ojos marrón la miran fijamente.

—Así que no la eches a perder.

—¿Q-Qué debo hacer?— pregunta Akane. 

—Es sencillo. Lo único que debes hacer es demostrarme que eres apta.Te espero mañana a las seis en punto en el gimnasio principal. Te haré las pruebas ahí y por la tarde sabrás si te quedas con el trabajo o no. 

Akane tiembla. De pronto siente ganas de vomitar, está demasiado nerviosa. Tendría que hacer pruebas frente a Yamato. Es un artista marcial legendario, que ha ganado muchos combates y que además se entrenó en China, ¿qué puede impresionarle a él?

—Muchas gracias por la oportunidad. —logra decir Akane. 

—Tus agradecimientos no me sirven, me sirves tú. Así que no lo arruines. Nos vemos mañana — se levanta de la mesa, toma su libro y deja un billete de 1,000 yens en la mesa. Akane se queda viendo fijamente al dinero, pero sin verlo realmente. Es la oportunidad de su vida, podría saltar de alegría por todo el vecindario, besar a cualquiera que se le pusiera en frente, pero por alguna razón tiene una sensación muy parecida al miedo. Se convence de que son los nervios de practicar ante Yamato, pero pronto descubrirá que se trata de algo más. 

Algo que cambiaría su vida para siempre. 

/5/

—¿Cómo dijiste que se llama? 

—Akane Tendo. Es una chica de sexto. Bastante linda, por cierto.

Yamato da una calada a su cigarrillo. 

—¿Habías oído hablar de la Escuela Tendo? 

—Sí.

—Bueno. Soun Tendo tiene un dojo. Pero para su desgracia solo tuvo hijas. Entonces ahora tiene que casar a la chica Tendo para que pueda heredar la Escuela. 

—¿Casarse? 

—Sí. Está comprometida.

—Y... ¿quién es... su prometido? 

—Hibiki. Ryoga Hibiki. Ellos no tienen una Escuela, pero es buen artista. Hace unos meses ganó el Torneo de Artes Marciales, ahora debe estar de gira. Lo he visto pelear, es bueno. 

—¿Tanto como yo? 

—Bueno, tiene la desventaja de que, contrario  a ti, es algo flojo. Es decir, no entrena lo suficiente, se cree la gran cosa porque ganó el torneo y ¿has oído eso de "hacer fama y dormir en los laureles"? Pues él es el ejemplo vivo de ello. La niña Tendo entrena más que él. Aunque... eso no quita que sea bueno, bastante bueno. 

—¿Lo suficientemente bueno para derrotarme? 

—No sabría decirlo a ciencia cierta, su preparación es diferente. No sé quién lo haya preparado a él… quizá el mismo Tendo. Tú has sido entrenado por Cologne. Un entrenamiento con Cologne no tiene punto de comparación. China es diferente.

Yamato enciende otro cigarrillo. El humo ha llenado toda la sala.

—Como sea. Espero que la chica lo haga bien, porque me quedaría sin otra opción. Tú no puedes hacerte cargo de los dos grupos. Y entonces el club se iría a la gran mierda.

Se levanta de la silla donde ha estado descansando y estira los brazos para desperezarse.

—Ah, estoy cansado. ¿Me invitas un plato de ramen especial preparado por Shampoo? 

—¿Eh? 

—Estás muy distraído el día de hoy, Ranma. 

/6/

No pudo dormir en toda la noche, los nervios la estuvieron matando. No era lo ideal, porque estaba segura de que tendría que hacer pruebas físicas, pero simplemente no pudo evitarlo. Lo peor del caso es que el día anterior había olvidado la comida que Kasumi le había preparado para la semana, su estómago estuvo haciendo ruidos durante la madrugada y ahora sí que no tenía más que una taza de té para desayunar. 

Se pone unos pantalones holgados, con unas rayas blancas a los lados. Se asegura de que no le queden muy grandes, pues al hacer las pruebas tendrá que ir descalza y pisar su ropa sería desastroso. Luego busca una camiseta con mangas largas y cuello alto, también en color negro. Esta es demasiado ajustada, quizá más de lo que le gustaría, pero de toda la ropa que tiene, es la que le permite hacer movimientos con más facilidad. Acomoda su cabello en una trenza que le llega a la mitad de la espalda y calza sus zapatillas de deporte. Toma las cosas necesarias y sale justo una hora antes de la citada, incluso cuando la universidad queda a sólo cuatro calles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario