martes, 28 de agosto de 2012

Mi primer bloqueo creativo



Abrí mi aplicación, dispuesta a escribir las 1,000 palabras del día. Era una perfecta "hoja en blanco" y nada. No pude escribir nada más que esas líneas, ja ja. 

Es la primera vez que me enfrento al bloqueo con la historia de "La Reina de la Nieve", supongo que lo que ha sucedido es que como los chicos me cambiaron la jugada en el capítulo pasado, ahora no sé por dónde quieren llevarme. Los bocetos del capítulo 11 que tenía ya no me sirven para llegar al 12, así que tuve que empezar de nuevo. 

Lo que me lleva a pensar que tardaré más de lo normal para publicar el capítulo 11. Mi bloqueo, sumado a la gran cantidad de tarea que tengo, no me permitirán hacerlo pronto, a menos de que alguna de las nueve musas me visite y entonces me ponga a escribir como poseída y fuck la tarea. 

Ah, me gustaría que pasara eso.

sábado, 25 de agosto de 2012

¿Cómo les explico que lo amo?


Mi admiración por Julio Cortázar raya en el amor platónico, el más grande que haya tenido. Es una lástima que haya muerto tan pronto y de una enfermedad tan difícil. Me consuela tenerlo vivo aún por medio de sus escritos y no saben cuánto disfruto de sus entrevistas. Escucharlo hablar, para mí, es uno de los placeres de la vida. Pero leerlo es la gloria absoluta.

Feliz cumpleaños, Julio. 


viernes, 24 de agosto de 2012

El amor surge con un pequeño detalle



Les comparto uno de mis fragmentos favoritos de "Tokio Blues" de Haruki Murakami: 

—Lo que quiero es simple egoísmo. Un egoísmo perfecto. Por ejemplo: te digo que quiero un pastel de fresa, y entonces tú lo dejas todo y vas a comprármelo. Vuelves jadeando y me lo ofreces. «Toma, Midori. Tu pastel de fresa», me dices. Y te suelto:«¡Ya se me han quitado las ganas de comérmelo!». Y lo arrojo por la ventana. Eso es lo que yo quiero.

—No creo que eso sea el amor— le dije con semblante atónito.


—Sí tiene que ver. Pero tú no lo sabes—replicó Midori—Para las chicas, a veces esto tiene gran importancia.


—¿Arrojar pasteles de fresa por la ventana?


—Sí. Y yo quiero que mi novio me diga lo siguiente: «Ha sido culpa mía. Tendría que haber supuesto que se te quitarían las ganas de comer pastel de fresa. Soy un estúpido, un insensible. Iré a comprarte otra cosa para que me perdones. ¿Qué te apetece? ¿Mousse de chocolate? ¿Tarta de queso?».


—¿Y qué sucedería a continuación?


—Pues que yo a una persona que hiciera esto por mí la querría mucho.


—A mí me parece un desatino.


Yo creo que el amor es eso. Pero nadie me comprende. Para un cierto tipo de personas el amor surge con un pequeño detalle. Y, si no, no surge.



martes, 21 de agosto de 2012

Feliz cumpleaños a mí


Libros para la cumpleañera


Hace ya varios meses que vengo diciendo que tengo 23 años porque prefería acostumbrarme antes de que sucediera para que así no me llegara tan de golpe; sin embargo el día llegó, hoy fue oficialmente mi cumpleaños. 

Como fue martes y todos están trabajando o estudiando decidí festejar el sábado pasado con mis familiares y mis amigas más cercanas, todo fue muy divertido, canté y bailé mucho —e hice algunas ridiculeces también—. Hoy no hice nada especial, ya que tuve que ir a la universidad y salí muy tarde, ya era de noche, así que preferí quedarme en casa tranquila. Recibí muchas felicitaciones por Facebook y por teléfono, me sentí muy contenta. 

No creo en la felicidad como un estado permanente, pero sí creo en las rachas felices. Estoy en una de ellas, por fin estudio lo que quiero, leo mucho, escribo otro tanto. Estoy contenta con quien soy, veo la vida de manera tranquila y aprovecho cada momento que tengo. Incluso veo a mi trabajo —que odiaba— con una nueva visión y con gran compromiso, aunque siga sin gustarme del todo. En conclusión, estoy muy bien, con mis altibajos, pero bien. Espero que esta racha dure un buen tiempo.

Ahora, volviendo al tema de mi cumpleaños, recibí varios obsequios, entre ellos mis favoritos: libros. Pese a que hay mucha gente que ya me conoce bien y sabe que no hay mejor regalo para mí, me siguen regalando ropa y maquillaje (que igual agradezco, ja ja), pero soy afortunada de recibir regalos como estos y pues tengo que presumirlos por acá. Aunque no los he leído, les comparto lo que sé de ellos: 

1. Papeles Inesperados, Julio Cortázar: Hay escritores a los que uno admira y hay otros tantos de los que se enamora. Mi caso con Julio Cortázar es un grave caso de amor platónico. Miro sus entrevistas por YouTube y me vuelvo loca por él. Definitivamente su esposa fue una mujer afortunada.

Este libro es una obra que se publicó posterior a su muerte, para ser precisa 25 años después. Los textos que aparecen aquí son inéditos y tanto hay pequeños relatos como cuentos, discursos, prólogos, artículos, prólogos, autoentrevistas, poemas y todas esas cosas que nunca publicó pero guardó en una vieja cómoda. Creo que cuando lo lea me sentiré como si estuviera en su estudio, revisando aquellos papeles que desechó o que guardó para él mismo. Mucho vouyerismo quizá, pero estoy contenta de tener algo así en mis manos.

2. Plegarias atendidas, Truman Capote: Después de leer "Desayuno en Tiffany's" me quedé con la intención de leer más de Capote, por aquello de que sostiene que el chisme es gran alimento para la literatura, o algo así.  Esta novela, según la sinopsis, nos presenta a un protagonista amoral que aprende el oficio de masajista y se las ingenia para colarse entre ricos y famosos, convirtiéndose así en un cronista —algo cruel— de la vida y costumbres de la alta sociedad. 

Sinceramente hubiera preferido algo como "Música para camaleones" o "A sangre fría", pero tampoco le hago el feo a esta. Espero que realmente me sorprenda.

3. 1Q84, Haruki Murakami: Últimamente me pegó la fiebre Murakamiana muy fuerte. Me leí alrededor de 5 novelas de él en menos de un mes. Quedé atrapada por su estilo, por sus personajes femeninos tan excéntricos y exagerados, por sus diálogos memorables e imposibles. Así que una de mis mejores amigas me regaló su más reciente libro que, al parecer, tiene una continuación. 

De esta aún no puedo hablar mucho porque la sinopsis no me dice mucho, solamente que los protagonistas son Aomame, quien es instructora de gimnasia pero también asesina; y Tengo, que es profesor de Matemáticas, pero también es un aspirante a escritor. Supongo que sus vidas deben entrelazarse de alguna manera, pero no me imagino cómo podría suceder, estoy ansiosa por leer. 

4. La guerra de los mundos, La máquina del tiempo, H.G. Wells: Sé que son clásicos y que debería morir en la hoguera por no haberlos leído antes, pero así es. La ciencia ficción no es lo mío; sin embargo mi trabajo me exige que lea más de este tipo de textos y estoy emocionada por comenzarlos, especialmente "La máquina del tiempo", fuera de Ray Bradbury nunca he leído textos de este tipo. 

En fin, yo me hice algunos otros regalillos pero por ahora prefiero dejarlos por ahí para tener de qué hablar más adelante. Lo que me preocupa más en este momento es que no tengo mucho tiempo para leer por placer. En mi carrera me exigen leer demasiado, pero por el momento mucho es sólo de consulta, sobre literatura, géneros literarios, lingüística y todas esas cosas bellas que me encantan. 

Me despido aquí, mando un saludo a las pocas personas que me lean.

P.D. Me puse una cajita de mensajes en la parte derecha del blog, si gustan dejarme un mensajito sería genial para mí :)

Jade 



domingo, 12 de agosto de 2012

Warabigami. Capítulo 1. Parte 4


/8/

Despierta y siente la boca ácida, como si el líquido de una batería alcalina se hubiera derramado en su boca. La intensa luz que atraviesa la ventana le parece demasiado irritante a sus ojos. A penas puede divisar bien y da un vistazo a la habitación. Ha estado ahí antes. Es la sala de enfermería de la universidad. 

Levanta la vista y sobre ella ve una bolsa de líquido transparente que, a través de una manguera, termina justo en su muñeca, donde un cateter está pasando el medicamento. La cortina blanca le impide ver más allá, pero junto a ella hay una pequeña mesa desayunadora con una banana, un tazón de arroz cubierto por un plástico transparente y un termo que seguramente guarda algún líquido caliente. 

Se lleva la mano a la frente. De pronto ha sentido una jaqueca apoderarse de su cabeza. Los recuerdos llegan a ella en un parpadeo y se sorprende al recordar lo que ha pasado. Ha estado peleando con el profesor Yamato, después con el chico de los ojos azules y antes de terminar se ha desmayado. La falta de alimento, el duro ejercicio y los nervios se han juntado para hacerle pasar un mal momento y dejarla en ridículo en su única oportunidad. Se tapa los ojos con ambas manos y los talla. Lo ha arruinado. Lanza un suspiro de resignación y de pronto siente unas enormes ganas de llorar. Siente los ojos calientes y unas lágrimas amenazan con salir. 

—¿Sabes dónde estaba tu glucosa? Por los suelos —es el profesor Yamato quien habla. Está sentado en el banquillo al lado de la cama, él también es un artista marcial y ha llegado con sigilo a sentarse a su lado. En una de sus manos trae un cigarrillo encendido, a pesar de que en la entrada hay un letrero que dice "no fumar". Akane puede notar que en una de sus fosas nasales aún tiene restos de sangre seca. 

–Lo siento mucho— consigue pronunciar Akane con vergüenza. Su voz es sólo un hilo. Se talla las lágrimas de los ojos para evitar que la vea llorar.

—¿Lo de la nariz? Ya ha pasado. Aunque me sangró por mucho tiempo. Hacía mucho que alguien me daba en la cara. Duele.

Akane baja la mirada, apenada.

—Tendo, escúchame bien. Sé que eres una artista marcial y todo eso y sé por los problemas y carencias por las que tenemos que pasar y que primero está nuestro orgullo y todo eso...

Akane levanta su mirada hacia él. Está apretando la sábana blanca con toda su fuerza. 

—… pero también debes recordar que eres una chica joven y que debes cuidar tu cuerpo como a un templo. Debes comer bien. Ayer que estuvimos en la cafetería estuve a punto de pedir algo para ti, pero sabía que heriría tu orgullo. A veces hay que dejar esas cosas de lado y aceptar la ayuda de otros. 

Akane asintió.

—Será mejor que pases el resto de las vacaciones en casa de tu padre, descansando y comiendo bien. La vida sola, parece que no te va. Y deberías pedir unos días de descanso en la biblioteca. 

No voltea a verlo. Lo único que quiere es que se vaya y la deje llorar en paz. 

—Cuando volvamos a clases, quiero que estés repuesta. Fuerte, para evitar que sucedan estas cosas. ¿Qué pasará si te desmayas en medio de una clase? Los alumnos nunca te tomarán en serio. Quiero una maestra fuerte, y no me refiero sólo a que pueda romper narices. ¿Me explico? 

—¿Eh? 

—Te haré llegar el contrato más tarde. Por hoy quédate en la enfermería hasta que se acabe ése tratamiento intravenosa, ¿de acuerdo? 

—¿C-Contrato? 

—Sí, contrato. Algo que se firma cuando se da un nuevo empleo.

—¿Quiere decir que… que me quedaré con el empleo? 

—Shimamoto no se desmayó, pero es un árbol con pies y manos. Tú te alimentas mal, pero jamás había visto a una chica pelear de esa manera… No tengo otra opción. Espero que no me defraudes.

Akane siente un júbilo que la hace sentir mareada. 

—No lo haré.

Yamato le da una palmada en el hombro y se levanta para abandonar el cuarto. 

—¿Profesor Yamato? 

—¿Sí? 

—¿Quién era el chico? 

—¿El chico? ¡Ah! El chico que te salvó de romperte el cráneo.

Akane asiente. 

—Es un estudiante de cuarto. Ya los presentaré propiamente después. Por ahora concéntrate en recuperarte. 

Una vez que Yamato se va, Akane se queda pensativa. La mañana ha sido tremendamente cansada, pero además inquietante. ¿Quién era ése chico? Recuerda que sintió escalofríos cuando escuchó su voz en su oído, y la mirada intensa, los ojos azules que vio antes de caer en la inconsciencia. 

Le eran tan familiares.

Pero no podía ser.

¿O si? 

CONTINUARÁ. 

Warabigami. Capítulo 1. Parte 3.


/7/

—La chica ha llegado.

La observan entrar desde el otro extremo del gimnasio. Su caminar es muy silencioso y el único ruido que se escucha alrededor es cuando deja caer la bolsa sobre una de las gradas. Inmediatamente se pone a calentar sus músculos sin notar la presencia de los dos hombres. 

—Ella... ¿Ella es Akane Tendo? 

—Así es. Te dije que era bonita. —dice Yamato dándole un golpe con el codo —¿O no te lo parece? 

—Es demasiado pequeña para ser imponente. 

—Espera a verla pelear. 

Yamato sale del cuarto de vigilancia y Akane interrumpe su calentamiento al escucharlo. 

—Tendo. 

Akane hace una torpe reverencia. Es evidente que está muy nerviosa. Yamato le sonríe, un poco burlón, pero también amigable.

—Tan puntual como siempre.

Se quita las gafas y las coloca en una de las gradas. De pronto se quita la chaqueta para dejar al descubierto su impresionante torso bronceado, con todos y cada uno de los músculos bien marcados. Akane reprime un gemido de sorpresa. Ya había visto al maestro de esa manera, pero nunca tan cerca. No pudo evitar sonrojarse y desviar la mirada. Traga saliva con dificultad, ahora sabe por qué las chicas están locas por él. 

—Falta un cuarto de hora para las seis, pero si estás lista podemos comenzar. 

Akane asiente. Una maraña de nervios se forma en su estómago. Comienza a hacer ejercicios de respiración para controlarse, es imperante que mantenga la calma.

—Lo primero que tienes que hacer es derrotarme. 

—¿Qué?— pregunta Akane asombrada.

—Eso, derrotarme. Mandarme al suelo. Si es posible hazlo dramático, con sangre y todo lo demás. No me importa, sólo quiero que me des lo mejor de ti.

Era todo. Estaba acabada. Nunca podría derrotarlo. No con ese abdomen de acero que se cargaba. 

—¿Estás lista?

Asiente, nada convencida, de hecho está aterrada. Es imposible que pueda lograrlo pero no le queda otra opción que intentarlo. Si no lo hace, su oportunidad está perdida. ¿Cómo podía desaprovechar esto que le estaba sucediendo? No hay alternativa: tiene que derrotarlo. Tenga que hacer lo que tenga que hacer. 

El profesor Yamato se posiciona en el otro extremo del gimnasio, pero no demasiado alejado de ella. Es un combate cuerpo a cuerpo, así que la distancia debe ser justa sólo para impulsarse. 

Akane, aún insegura, se coloca en posición de combate. 

—Una cosa más, Tendo. 

Sonríe. Es una sonrisa arrogante que la intimida, tanto que a Akane le flaquean las piernas.

—No voy a tener ninguna consideración contigo sólo por que eres una chica. 

—Eso me parece perfecto —contesta Akane con un repentino coraje. 

Yamato avanza contra ella y lanza un golpe directo a su cara, pero ella arquea el cuerpo y logra trasladarse hacia el otro lado. Akane lanza una patada contra su abdomen, otra a sus piernas, pero todas son perfectamente esquivadas por él. Cuando lo tiene muy cerca comienza a tirar golpes hacia su rostro, pero Yamato los elude con facilidad. Tiene una mano tras él y sólo la está evitando con un brazo, lo que hace que la furia de Akane se encienda. Con un impulso de su brazo la hace retroceder y perder el equilibrio, ahí aprovecha para darle un golpe seco con el dorso de la mano en el abdomen que la hace trastrabillar y perder el aire por un momento. 

—Lo mejor que tengas, Akane Tendo — dice con tranquilidad mientras Akane se recupera del golpe. 

Akane se lanza con un grito contra él. Su coraje está incrementando a cada segundo. Yamato trata de golpearla pero es ahora ella quien esquiva sus golpes con mucha facilidad. Akane tira dos patadas, una a cada extremo Yamato, lo que le hace flaquear por un momento. El hombre va contra ella y la toma por sorpresa del cuello, la hace caer en el suelo y el golpe retumba en todo el gimnasio. 

La tiene prensada contra el suelo, con la mano en el cuello, lo suficientemente apretada como para que le cause dificultades para respirar, pero nada que pudiera matarla. Su cuerpo está por encima del de ella, pero no se tocan. Akane cierra los ojos, su cara está completamente enrojecida y la falta de aire la comienza a desesperar. Es su oportunidad, no puede arruinarla es, quizá, su única oportunidad. 

Con toda la fuerza que puede reunir levanta una de sus piernas y le propina una gran patada en el torso que lo hace levantarse, también ha perdido el aire. Inmediatamente Akane se impulsa contra el suelo y desde ahí le da otra patada que acaba en su rostro, justo en su nariz. Yamato cae al suelo inmediatamente. 

Akane se deja caer de nuevo. Su urgencia en ése momento es recuperar aire y el ritmo normal de su respiración. Cuando la adrenalina empieza a amainar se da cuenta de que Yamato está sentado en el suelo, con la mano sobre su nariz, un gran chorro de sangre desciende por ella, incluso ha manchado su pantalón. 

Akane abre los ojos con sorpresa. Ha lastimado a su maestro. Se levanta con torpeza y corre hacia él.

—Profesor Yamato, ¡Lo siento! ¡Oh por Dios, cuánto lo siento! 

—Creo que me rompiste la nariz — dice con un quejido. 

Akane mueve las manos llena de nervios, no sabe qué hacer. El chorro de sangre le impresiona demasiado. 

Pero le impresiona más que el profesor Yamato suelta una imprevista carcajada.

—Creo que te tomaste lo de la sangre muy en serio, Tendo — se levanta del suelo e inclina la cabeza hacia atrás para detener un poco el flujo de la sangre —. De esto hablaba cuando te decía que me dieras lo mejor de ti. 

—De verdad lo siento, profesor— dice apenada. 

—No hay problema. Me has dado lo mejor. ¿Quién te enseñó a patear así? Estoy seguro de que podrías romper muros con esas piernas. Y pensar que te ves tan pequeña... 

—¿Hay algo que pueda hacer por su nariz? 

—Iré a la enfermería. No debe ser nada. Mientras tanto encárgate del otro. 

—¿De quién...?

—Esto no ha acabado —Yamato señala hacia el otro extremo —. Pelearás contra él. Si logras vencerlo, entonces tendrás el puesto. 

—¿Q-Qué? 

Desde la puerta, alguien camina hacia ellos. Es un chico alto, delgado pero musculoso. Tiene el cabello largo y lo lleva trenzado. Viste ropas chinas, todas de color negro. A Akane le tiemblan las piernas, después de lo que ha pasado no cree que le queden suficientes fuerzas para continuar. Además de que ese atuendo chino no puede pronosticar nada bueno. 

El chico la mira desde una distancia retirada, tanto que Akane no puede ver su rostro con facilidad. Hace una reverencia ante Akane, pero ella no la responde. Está muerta de miedo, la cabeza comienza a darle vueltas. Saltarse el desayuno no había sido una buena idea. 

—Iré a la enfermería. Ya me contarán qué pasó— dice Yamato.

Akane está a punto de decirle que no se vaya, que olvide la idea del club de Artes Marciales, que se quedará en la biblioteca si eso la salva de pelear en ése momento. No se siente nada bien, está a punto de vomitar. 

—Por cierto —el profesor se dirige al chico—. Tú tampoco le tengas consideración por ser chica, ya has visto que patea como un hombre. 

Akane se coloca en posición para atacar, pero antes de que pueda ordenar sus pensamientos lo ve correr hacia ella tan rápido que en un instante ya está lanzándole golpes por todas partes. Akane sólo puede esquivarlos, está demasiado perpleja para contrarrestarlos. Él trata de tirarla desequilibrando una de sus piernas, pero Akane la levanta antes de que él pueda tocarla. Justo cuando la alza, él ataca la otra pierna y esto la hace caer de espaldas. Akane se impulsa en el suelo para quedar de nuevo de pie. Cuando sus piernas tocan el suelo siente que van a romperse. Pero debe encontrar fuerzas, en algún lugar, no puede dejarse vencer, no ahora. 

Akane comienza a tirar patadas, pero él es más alto que Yamato y las piernas le resultan cortas. Lanza tres golpes seguidos a su torso, pero no parecen lastimarlo en absoluto. Él intercepta su brazo en uno de esos golpes y la hace dar la vuelta hasta quedar de espaldas a él. Tiene su brazo atrapado y una mueca de dolor se dibuja en el rostro de Akane. 

—Creí que eras más rápida, Tendo— le dice al oído. Es una voz con un tono de burla que no puede soportar.

Con toda la fuerza que puede reunir da unos golpes con sus pies, justo en uno de sus muslos, lo que lo hace retroceder. Ella se incorpora y está a punto de aprovechar el desequilibrio del chico para derribarlo, pero de pronto el calor abandona su cuerpo y siente un choque eléctrico recorrer sus músculos. Un pitido en el oído seguido por el silencio, su visión se va perdiendo por un túnel negro que cada vez se cierra más y más. Lo último que su ojos alcanzan a ver son un par de ojos azules que la miran con preocupación, moviendo los labios en lo que podría ser su nombre.

Después, oscuridad. 



Warabigami. Capítulo 1. Parte 2.



/4/

Utilizando el brazo que tiene libre empuja la puerta de la cafetería. La campanilla anuncia que ha entrado un nuevo cliente y una de las cocineras le echa un vistazo sobre la barra. Un hombre, sentado a la derecha de la puerta, sube los ojos sobre el periódico para ver a la recién llegada, pero después de unos segundos los regresa a su lectura. Akane da un vistazo general a la clientela del lugar. Su respiración aún es agitada, pues ha tenido que subir las escaleras del metro a toda velocidad para evitar que se le hiciera tarde. 

Justo en la mesa más alejada, junto a un viejo teléfono de monedas, el profesor Yamato la espera mientras lee una novela en chino. Hay una taza de café frente a él y un cenicero con dos colillas apagadas. Akane suelta una bocanada de aire. Son casi las tres de la tarde. 

Se acerca hacia él y justo cuando está a punto de anunciarse, Yamato levanta la vista y la ve por encima de sus gafas cuadradas.

—¡Ah! ¡Señorita Tendo! — dice sonriente, sin levantarse de la silla.

—Buenos días, profesor Yamato —dice Akane haciendo una reverencia.

El hombre mira a su reloj de pulsera y sonríe para sí mismo. 

—Dos cuarenta y dos —dice sonriente —. Me gusta la gente puntual.

Akane sonríe nerviosamente y él la invita a sentarse. La camarera se acerca a la recién llegada y le pregunta si quiere algo para comer. Akane rechaza la carta y pide un vaso con agua. La verdad es que se muere de hambre, pues ya ha pasado tiempo desde que almorzó, pero tampoco era que tuviera dinero suficiente para costearse una comida, incluso en esa cafetería de mala muerte. 

—¿Está segura, Tendo?

—Sí, estoy bien. He desayunado.

—Bueno, entonces sólo tráigale una taza de café, por favor— dice Yamato mirando a la camarera. 

—Estoy bien — dice Akane apresurándose y agitando las manos frente a ella —. Sólo quiero el agua. 

—Corre por mi cuenta — le dice el hombre sonriente. 

Akane traga saliva con dificultad y se agazapa contra el asiento. Le apena el hecho de que su situación sea tan evidente. 

—Vayamos al grano — dice el hombre después de tomar un sorbo de su café —. Abriremos dos grupos de artes marciales en la Universidad Waseda, uno para principiantes y otro para avanzados. Quiero que tú te encargues de los novatos. 

Akane abre los ojos como platos. Una sensación de irrealidad le llega de golpe. 

—¿Y-yo?

—Sí, tú. Si es que puedes hacerlo, por supuesto.

Akane mira hacia un lado y al otro. No cree que eso le esté sucediendo a ella, no en esa dimensión. 

—Conozco la dinastía Tendo — dice Yamato mientras enciende otro cigarrillo —. Sé quienes son y aunque estén en decadencia es una de las pocas escuelas de las Artes Marciales Estilo Libre que quedan. Es lo que necesitamos en la universidad. Tampoco es tan importante, ni es la gran cosa, como sabrás; será un club tal como el de Kendo, el de natación o el de softball. Pero sabes que en nuestro alumnado hay pocos artistas marciales. Estás tú y ése chico del segundo grado, ¿cómo se llamaba?

—Shimamoto —. responde Akane. 

—¡Ah sí! Shimamoto. Te seré sincero, lo consideré primero a él. Lo llamé hace unos días para hacerle unas pruebas. Sé que tú tienes más derecho, después de todo eres hija de un artista marcial reconocido y Shimamoto es sólo un amateur. Tú estás en sexto grado y, naturalmente, tienes más experiencia. Pero sabes, Shimamoto es hombre, tiene más presencia. Desgraciadamente en esto de las artes marciales los músculos cuentan mucho. Además, hemos hecho preinscripciones al club y la mayor parte de los alumnados son hombres… no, te diré la verdad, todos son hombres. Son de grados inferiores al tuyo, la mayoría son de primero y tercer grado, tenemos algunos chicos de preparatoria. Pero pensé que no se sentirían muy cómodos teniendo a una mujer por maestra. Tú sabes que no es común... 

Akane tiene sentimientos mezclados. Primero, se siente muy satisfecha y contenta de recibir una oportunidad así, pero también se siente furiosa por lo que el profesor Yamato le dice. Siempre ha tenido que luchar el doble para hacerse un lugar en las Artes Marciales, todo por ser mujer.

—…pero Shimamoto no pasó las pruebas. Vamos, es una gran masa de músculo pero, en mi opinión, es demasiado tosco para moverse con facilidad. Es como si sus enormes brazos le estorbaran al lanzar un golpe y es muy torpe para esquivar patadas. No me sirve.

Ve a Akane por encima de los lentes de pasta negra. Es un hombre entrado en los cuarenta años, pero bastante atractivo y tan bien conservado que aparenta menos edad. En alguna ocasión las compañeras de Akane estuvieron extasiadas durante un buen rato por haberlo visto entrenar sin camisa. A Akane le intimidaba un poco su belleza, pero le intimidaba más la mirada indiferente, la voz gruesa y la facilidad con la que podía envolver a cualquiera en su discurso, que a veces estaba lleno de ironía y sarcasmo. 

—Por ello, mi última opción eres tú. Sé que es duro decírtelo de esta manera, pero así es como son las cosas — le echa un vistazo a Akane, quien lo mira fijamente a los ojos —. Si no considero que tú seas apta para enseñar artes marciales, entonces el club se cancelará. Y al demonio con el presupuesto. En cambio, si consigues impresionarme entonces te quedarás con el puesto, es por lo menos un contrato de un año. Tu beca del cincuenta por ciento sería una beca del cien por ciento. No tendrías que pagar un maldito centavo por la Universidad, además ganarías cinco veces más de lo que ganas en ése misero empleo en la biblioteca. 

Akane había aplicado para una beca en la Universidad Waseda, pero al ser tan cara, tuvo que buscar un trabajo para poder costearla. Con su pobre experiencia no había mucho que hacer así que le dieron un empleo en la biblioteca de la Universidad que la mantenía atada hasta la noche y los fines de semana, sin un sueldo vacacional y con pocos días de descanso. Cualquier cosa le parecía mejor que eso. 

—En otras palabras, Tendo, es tu oportunidad de oro.

Se acerca a ella para verla de cerca. Los ojos marrón la miran fijamente.

—Así que no la eches a perder.

—¿Q-Qué debo hacer?— pregunta Akane. 

—Es sencillo. Lo único que debes hacer es demostrarme que eres apta.Te espero mañana a las seis en punto en el gimnasio principal. Te haré las pruebas ahí y por la tarde sabrás si te quedas con el trabajo o no. 

Akane tiembla. De pronto siente ganas de vomitar, está demasiado nerviosa. Tendría que hacer pruebas frente a Yamato. Es un artista marcial legendario, que ha ganado muchos combates y que además se entrenó en China, ¿qué puede impresionarle a él?

—Muchas gracias por la oportunidad. —logra decir Akane. 

—Tus agradecimientos no me sirven, me sirves tú. Así que no lo arruines. Nos vemos mañana — se levanta de la mesa, toma su libro y deja un billete de 1,000 yens en la mesa. Akane se queda viendo fijamente al dinero, pero sin verlo realmente. Es la oportunidad de su vida, podría saltar de alegría por todo el vecindario, besar a cualquiera que se le pusiera en frente, pero por alguna razón tiene una sensación muy parecida al miedo. Se convence de que son los nervios de practicar ante Yamato, pero pronto descubrirá que se trata de algo más. 

Algo que cambiaría su vida para siempre. 

/5/

—¿Cómo dijiste que se llama? 

—Akane Tendo. Es una chica de sexto. Bastante linda, por cierto.

Yamato da una calada a su cigarrillo. 

—¿Habías oído hablar de la Escuela Tendo? 

—Sí.

—Bueno. Soun Tendo tiene un dojo. Pero para su desgracia solo tuvo hijas. Entonces ahora tiene que casar a la chica Tendo para que pueda heredar la Escuela. 

—¿Casarse? 

—Sí. Está comprometida.

—Y... ¿quién es... su prometido? 

—Hibiki. Ryoga Hibiki. Ellos no tienen una Escuela, pero es buen artista. Hace unos meses ganó el Torneo de Artes Marciales, ahora debe estar de gira. Lo he visto pelear, es bueno. 

—¿Tanto como yo? 

—Bueno, tiene la desventaja de que, contrario  a ti, es algo flojo. Es decir, no entrena lo suficiente, se cree la gran cosa porque ganó el torneo y ¿has oído eso de "hacer fama y dormir en los laureles"? Pues él es el ejemplo vivo de ello. La niña Tendo entrena más que él. Aunque... eso no quita que sea bueno, bastante bueno. 

—¿Lo suficientemente bueno para derrotarme? 

—No sabría decirlo a ciencia cierta, su preparación es diferente. No sé quién lo haya preparado a él… quizá el mismo Tendo. Tú has sido entrenado por Cologne. Un entrenamiento con Cologne no tiene punto de comparación. China es diferente.

Yamato enciende otro cigarrillo. El humo ha llenado toda la sala.

—Como sea. Espero que la chica lo haga bien, porque me quedaría sin otra opción. Tú no puedes hacerte cargo de los dos grupos. Y entonces el club se iría a la gran mierda.

Se levanta de la silla donde ha estado descansando y estira los brazos para desperezarse.

—Ah, estoy cansado. ¿Me invitas un plato de ramen especial preparado por Shampoo? 

—¿Eh? 

—Estás muy distraído el día de hoy, Ranma. 

/6/

No pudo dormir en toda la noche, los nervios la estuvieron matando. No era lo ideal, porque estaba segura de que tendría que hacer pruebas físicas, pero simplemente no pudo evitarlo. Lo peor del caso es que el día anterior había olvidado la comida que Kasumi le había preparado para la semana, su estómago estuvo haciendo ruidos durante la madrugada y ahora sí que no tenía más que una taza de té para desayunar. 

Se pone unos pantalones holgados, con unas rayas blancas a los lados. Se asegura de que no le queden muy grandes, pues al hacer las pruebas tendrá que ir descalza y pisar su ropa sería desastroso. Luego busca una camiseta con mangas largas y cuello alto, también en color negro. Esta es demasiado ajustada, quizá más de lo que le gustaría, pero de toda la ropa que tiene, es la que le permite hacer movimientos con más facilidad. Acomoda su cabello en una trenza que le llega a la mitad de la espalda y calza sus zapatillas de deporte. Toma las cosas necesarias y sale justo una hora antes de la citada, incluso cuando la universidad queda a sólo cuatro calles.