domingo, 16 de diciembre de 2012
Casi Navidad y casi libre...
Navidad está a la vuelta de la esquina y yo casi estoy libre de la universidad por este año, sólo falta una asignatura por aprobar y podré dormir más de seis horas diarias (o eso espero). Lo que más me agrada es que tendré tiempo para escribir, cosa que no he hecho desde hace mucho tiempo (o bueno, no por diversión). He estado leyendo Mientras escribo de Stephen King y me ha animado mucho a volver a las andadas, no puedo esperar a las vacaciones para poder empezar.
Este año ha sido terriblemente atareado, pero a pesar de todo ha resultado bien. Los días se me han ido volando, y me gustaría haber tenido un poco más de tiempo, y haber hecho muchas cosas, sin embargo estoy convencida de que el año no empieza el primero de enero ni termina el último de diciembre, yo creo que cada quien tiene el poder de empezar y terminar cuando así lo quiera.
En fin, sólo vine a hablar por teléfono y a decirles que estoy viva y que mis Fan Fiction siguen en pie, no los abandonaré por nada y pronto les traeré una que otra sorpresa. Si no vuelvo a escribir antes de que se acabe el 2012 pues de una vez les deseo feliz Navidad (si es que la celebran) y un hermoso inicio de año... ¡Nos estamos viendo!
viernes, 30 de noviembre de 2012
Dark paradise, de Lana Del Rey. Traducción al español.
Paraíso oscuro
Lana Del Rey
Todos mis amigos me dicen
que debo seguir adelante
Estoy acostada en el océano
cantando tu canción.
Ah-ah-ah-ah-ah-ah
Así es como cantabas.
Amarte para siempre no puede
estar mal.
Aunque no estés aquí, no me moveré,
ah-ah-ah-ah-ah-ah
Así es como la tocábamos.
Y no hay remedio para los recuerdos,
tu rostro es como una melodía,
no dejará mi cabeza.
Tu alma me persigue y me dice
que todo está bien,
pero quisiera estar muerta.
(muerta como tú)
Cada vez que cierro mis ojos,
es como un paraíso oscuro.
Nadie se compara contigo,
tengo miedo de que no vayas a estar
esperando al otro lado.
Todos mis amigos me preguntan
por qué me mantengo fuerte
Les digo que cuando encuentras el verdadero
amor, sigue viviendo.
Ah-ah-ah-ah-ah-ah-ah
Por eso me quedo aquí.
Estudié traducción por algún tiempo (3 años) y aunque no llegué a dominar la especialidad, la verdad es que disfrutaba mucho del acto de traducir. Además, es así como aprendí inglés en mi infancia, traduciendo canciones de mis grupos y cantantes favoritas. Ahora es algo que disfruto mucho, más aún cuando tengo que interpretar algunas cosas que sólo se entienden en el idioma original. Esta traducción, de una canción muy profunda de Lana Del Rey, no me quedó perfecta pero creo que sí transmite la intención original de la letra.
En Dark Paradise Lana Del Rey —nombre real: Elizabeth Grant— llama a aquél ser amado que se le ha ido. Ella sigue su vida, pero no puede desprenderse del recuerdo de su amor perdido. Finge estar bien, finge que ha podido superarlo, pero los recuerdos siempre la atormentan en la oscuridad, en la soledad, que es cuando puede pensar y reflexionar. Es un paraíso oscuro porque los recuerdos la llenan de felicidad, le hacen revivir experiencias, pero está en la penumbra pues sabe que tendrá un fin y que no es mas que una ilusión que a final de cuentas terminará por doler. También quiere seguir a su amor, quiere morir también (muerta como tú) pero tiene miedo de que a final de cuentas no se lo encuentre "al otro lado". Es una disputa entre morir para dejar de sufrir o vivir con los recuerdos, aunque duelan.
Creo que cualquier persona que haya perdido a un ser querido (no precisamente un amor) puede identificarse con los sentimientos de esta canción. La pérdida, los recuerdos, el miedo y la tristeza. Hay tantos sentimientos en esta composición que me llena de una melancolía propia. Además está muy bien construida, mi parte favorita es cuando dice "and there's no remedy for memory, your face is like a melody, it won't leave my head", la rima que crea entre las tres palabras terminadas en "y" se escucha muy armoniosa.
En fin, aún sigo sin entender por qué dicen que Lana Del Rey escribe letras prefabricadas y poco profundas, a mí me parece todo lo contrario.
Lana Del Rey
Todos mis amigos me dicen
que debo seguir adelante
Estoy acostada en el océano
cantando tu canción.
Ah-ah-ah-ah-ah-ah
Así es como cantabas.
Amarte para siempre no puede
estar mal.
Aunque no estés aquí, no me moveré,
ah-ah-ah-ah-ah-ah
Así es como la tocábamos.
Y no hay remedio para los recuerdos,
tu rostro es como una melodía,
no dejará mi cabeza.
Tu alma me persigue y me dice
que todo está bien,
pero quisiera estar muerta.
(muerta como tú)
Cada vez que cierro mis ojos,
es como un paraíso oscuro.
Nadie se compara contigo,
tengo miedo de que no vayas a estar
esperando al otro lado.
Todos mis amigos me preguntan
por qué me mantengo fuerte
Les digo que cuando encuentras el verdadero
amor, sigue viviendo.
Ah-ah-ah-ah-ah-ah-ah
Por eso me quedo aquí.
Y no hay remedio para los recuerdos,
tu rostro es como una melodía,
no dejará mi cabeza.
Tu alma me persigue y me dice
que todo está bien,
pero quisiera estar muerta.
(muerta como tú)
Oh-oh-oh-hah-hah-hah
No quiero despertarme esta noche.
Oh-oh-oh-hah-hah-hah
No quiero despertarme esta noche.
No hay alivio, te veo en mi
sueño
Y todos me apresuran,
pero te puedo sentir tocándome
No hay liberación, te siento en mis
sueños, diciéndome que estoy bien.
Cada vez que cierro mis ojos,
es como un paraíso oscuro.
Nadie se compara contigo,
tengo miedo de que no vayas a estar
esperando al otro lado.
Cada vez que cierro mis ojos,
es como un paraíso oscuro.
Nadie se compara contigo,
pero no estás, excepto en mis sueños de
esta noche.
Estudié traducción por algún tiempo (3 años) y aunque no llegué a dominar la especialidad, la verdad es que disfrutaba mucho del acto de traducir. Además, es así como aprendí inglés en mi infancia, traduciendo canciones de mis grupos y cantantes favoritas. Ahora es algo que disfruto mucho, más aún cuando tengo que interpretar algunas cosas que sólo se entienden en el idioma original. Esta traducción, de una canción muy profunda de Lana Del Rey, no me quedó perfecta pero creo que sí transmite la intención original de la letra.
En Dark Paradise Lana Del Rey —nombre real: Elizabeth Grant— llama a aquél ser amado que se le ha ido. Ella sigue su vida, pero no puede desprenderse del recuerdo de su amor perdido. Finge estar bien, finge que ha podido superarlo, pero los recuerdos siempre la atormentan en la oscuridad, en la soledad, que es cuando puede pensar y reflexionar. Es un paraíso oscuro porque los recuerdos la llenan de felicidad, le hacen revivir experiencias, pero está en la penumbra pues sabe que tendrá un fin y que no es mas que una ilusión que a final de cuentas terminará por doler. También quiere seguir a su amor, quiere morir también (muerta como tú) pero tiene miedo de que a final de cuentas no se lo encuentre "al otro lado". Es una disputa entre morir para dejar de sufrir o vivir con los recuerdos, aunque duelan.
Creo que cualquier persona que haya perdido a un ser querido (no precisamente un amor) puede identificarse con los sentimientos de esta canción. La pérdida, los recuerdos, el miedo y la tristeza. Hay tantos sentimientos en esta composición que me llena de una melancolía propia. Además está muy bien construida, mi parte favorita es cuando dice "and there's no remedy for memory, your face is like a melody, it won't leave my head", la rima que crea entre las tres palabras terminadas en "y" se escucha muy armoniosa.
En fin, aún sigo sin entender por qué dicen que Lana Del Rey escribe letras prefabricadas y poco profundas, a mí me parece todo lo contrario.
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martes, 20 de noviembre de 2012
La Reina de la Nieve. Capítulo 11. Adelanto.
Con este frío que se llegó a la ciudad y nos acompaña desde hace dos semanas me han dado unas ganas terribles de escribir. Y este clima gélido me inspira a continuar con "La Reina de la Nieve", que lleva estancada, creo yo, un par de meses.
Lastimosamente, el capítulo once aún no está listo en su totalidad. Algunas escenas inconclusas, otras que no terminan de convencerme, otras que me parecen demasiado dramáticas, casi no las soporto. Lo peor del caso es que estoy en finales de la universidad y eso me absorbe todo el tiempo del mundo, por tanto no, no estará listo pronto. Espero estar libre para los primeros días de diciembre y dedicarle todo un día a escribir el capítulo, como en los viejos tiempos.
Por ahora les dejo con un adelanto, que es la primera parte del capítulo once.
Saludos,
Jade.
Pero sí necesitó un doctor y no sólo eso, también varias inyecciones, medicación, muchos líquidos y dos semanas de reposo antes de regresar a Tokio, víctima de una infección respiratoria. Era ya la mitad de la segunda semana y Ranma estaba completamente repuesto, pero si aguantar tres días más en cama le suponía la compañía de Akane, bien podía soportarlos.
La estrategia fue hacer sentir a Akane responsable de su enfermedad y esta, sin poder librarse aún de la vergüenza que le causaban sus recientes acciones, no tuvo más remedio que aceptar quedarse a su lado incluso cuando era imperante que volviera a Japón. Lo difícil fue explicárselo a Ryoga y a Ukyo, que no auguraban nada bueno de esa estancia, pero que abandonaron América sin estar aún convencidos de que dejar a ese par fuera una buena idea. La única forma en la que Ryoga se tranquilizaba era pensando que teniendo a Kento en la ciudad, Akane no se atrevería a hacer algo que pudiera poner en riesgo a su empresa.
—La temperatura es normal— dijo la enfermera que le habían asignado en el hospital. Era una chica bella, con los pómulos bien marcados y piernas estilizadas. Veía a Akane con algo de desdén y esta la correspondía. Ranma aprendió su nombre con facilidad, pero Akane nisiquiera se molestaba en voltear a verla.
—Yo aún me siento débil, debo tener fiebre —contestó Ranma con pesadez.
—El termómetro indica lo contrario, señor Saotome— replicó con una gran sonrisa. Akane la miraba desde el sofá mientras fingía hojear una revista. Solo estando ciega hubiera sido incapaz de percibir el coqueteo en los ojos verdes y lo mucho en que la chica había incrementado su arreglo personal conforme transcurrían los días.
—Pero estoy seguro de que tengo fiebre, o algo. Revise mi pulso, mis pupilas…
La chica sonrió con diversión. Y es que se había dado cuenta de lo mucho que Ranma había estado fingiendo y de cómo trataba de victimizarse a cada oportunidad. Pero lo que no sabía —o trataba de ignorar— es que no era por ella, sino por otra persona.
—Ya ha dicho que no tiene nada, ya puede retirarse— dijo Akane desde el sillón. Tenía la vista fija en la revista, pero dejó eso para lanzarle una mirada amenazadora a la enfermera, que la correspondió con una mueca muy bien disimulada.
Cuando salió, Akane se sentó al lado de la cama donde Ranma descansaba y lo miró con los ojos entrecerrados y los brazos cruzados. Sabía perfectamente que era una mentira; Ranma tenía las mejillas rosas y los ojos brillantes, se veía tan fuerte como siempre y no era más que un teatro. Le puso una mano en la frente para sentir su temperatura.
—¿Estás fingiendo verdad?
Ranma apartó la mano de Akane de su frente con un ligero manotazo y la miró con los labios fruncidos.
—No estoy fingiendo, de verdad estoy enfermo… aún. El doctor dijo dos semanas y aún faltan tres días para que se cumplan esas dos semanas.
Akane lo miró fijamente por unos segundos y sonrió. En los últimos días ella le había dedicado varias sonrisas. Algunos eran tan sólo esbozos, otras eran medias, como las que mostraba a las personas por mera cortesía. Otras —dos o tres veces— había sonreido tan ampliamente que Ranma se había sentido mareado al ver sus ojos chispeantes y la sonrisa incontenible que casi no cabía en su rostro. La primera vez fue cuando tuvieron que ponerle las inyecciones. Se aferró tanto a su pequeña mano que en pocas horas Akane tuvo moretones en donde había clavado sus dedos. Era imposible —había dicho ella— que un artista marcial que podía romper una pared con su puño fuera tan cobarde frente a una pequeña inyección, pero se había divertido tanto viéndolo sufrir por algo tan estúpido como eso que terminó con una gran sonrisa en el rostro. Ranma por su parte cobraba venganza haciéndola rabiar a cada oportunidad, pero a pesar de ello, Akane nunca se separaba de su lado.
Y la vida era tan diferente…y tan...
Los primeros días fueron un martirio. A causa del medicamento él se quedaba dormido cada dos horas y Akane se quedaba en el silencio de la habitación de hospital observando sus rasgos perfectos, su nariz perfilada y rojiza por la alta temperatura. El cabello espeso y oscuro, brillante, debían cuidar mucho su imagen. Verlo así le inquietaba. Y sus palabras. Palabras que a veces surgían de lo más profundo de sus delirios, palabras alentadas por la fiebre. Palabras que Akane no sabía si creer o no, que la acompañaban también en sus sueños, que trataba de borrar de su mente sin conseguirlo.
—Tengo que resolver un asunto importante hoy— dijo Akane mientras le acomodaba la cobija para que estuviera bien cubierto —. Volveré más tarde.
—¡No! —dijo él incorporándose en la cama y sujetándola por el antebrazo —. Estoy enfermo. Si te vas podría empeorar en cualquier momento y…
—Para eso está tu enfermera estrella— le dijo con un atisbo de burla y safándose de su agarre.
—No irás a ninguna parte— dijo amenazador.
Akane frunció los labios.
—Es algo muy importante.
—¡No! ¡no! y ¡no!
—No te estoy pidiendo permiso. ¡Qué pesado!
—¿Qué es más importante para ti que mi salud? ¡Es tu culpa que yo esté así!
—Volveré por la noche.
—¡Entonces iré contigo!
—¡Oh no! —dijo burlona—. Estás muy enfermo y afuera hay una gran nevada. Tenemos que cuidar tu salud, ¿no?
Ranma hundió la barbilla en el pecho y frunció los labios.
—Eres cruel.
Akane encogió los hombros en señal de que no le importaba lo que él pensara. Sonrió ampliamente de nuevo. Cuando sonreía así, sus ojos desaparecían en el movimiento que hacían sus mejillas elevadas. Empezaba en una línea que formaban sus labios, poco a poco los entreabría y mostraba una tímida sonrisa, pero si tenía el suficiente impulso los extendía y quedaba tan larga en su rostro que lo abarcaba casi por completo. Pero así como era de fugaz, desaparecía al poco tiempo y sus labios volvían a ser esos pequeños pedazos de carne perfectamente delineados.
Si tan solo pudiera perpetuarla.
Lastimosamente, el capítulo once aún no está listo en su totalidad. Algunas escenas inconclusas, otras que no terminan de convencerme, otras que me parecen demasiado dramáticas, casi no las soporto. Lo peor del caso es que estoy en finales de la universidad y eso me absorbe todo el tiempo del mundo, por tanto no, no estará listo pronto. Espero estar libre para los primeros días de diciembre y dedicarle todo un día a escribir el capítulo, como en los viejos tiempos.
Por ahora les dejo con un adelanto, que es la primera parte del capítulo once.
Saludos,
Jade.
La Reina de la Nieve
por Jade Haze
Capítulo 11
/1/
Pero sí necesitó un doctor y no sólo eso, también varias inyecciones, medicación, muchos líquidos y dos semanas de reposo antes de regresar a Tokio, víctima de una infección respiratoria. Era ya la mitad de la segunda semana y Ranma estaba completamente repuesto, pero si aguantar tres días más en cama le suponía la compañía de Akane, bien podía soportarlos.
La estrategia fue hacer sentir a Akane responsable de su enfermedad y esta, sin poder librarse aún de la vergüenza que le causaban sus recientes acciones, no tuvo más remedio que aceptar quedarse a su lado incluso cuando era imperante que volviera a Japón. Lo difícil fue explicárselo a Ryoga y a Ukyo, que no auguraban nada bueno de esa estancia, pero que abandonaron América sin estar aún convencidos de que dejar a ese par fuera una buena idea. La única forma en la que Ryoga se tranquilizaba era pensando que teniendo a Kento en la ciudad, Akane no se atrevería a hacer algo que pudiera poner en riesgo a su empresa.
—La temperatura es normal— dijo la enfermera que le habían asignado en el hospital. Era una chica bella, con los pómulos bien marcados y piernas estilizadas. Veía a Akane con algo de desdén y esta la correspondía. Ranma aprendió su nombre con facilidad, pero Akane nisiquiera se molestaba en voltear a verla.
—Yo aún me siento débil, debo tener fiebre —contestó Ranma con pesadez.
—El termómetro indica lo contrario, señor Saotome— replicó con una gran sonrisa. Akane la miraba desde el sofá mientras fingía hojear una revista. Solo estando ciega hubiera sido incapaz de percibir el coqueteo en los ojos verdes y lo mucho en que la chica había incrementado su arreglo personal conforme transcurrían los días.
—Pero estoy seguro de que tengo fiebre, o algo. Revise mi pulso, mis pupilas…
La chica sonrió con diversión. Y es que se había dado cuenta de lo mucho que Ranma había estado fingiendo y de cómo trataba de victimizarse a cada oportunidad. Pero lo que no sabía —o trataba de ignorar— es que no era por ella, sino por otra persona.
—Ya ha dicho que no tiene nada, ya puede retirarse— dijo Akane desde el sillón. Tenía la vista fija en la revista, pero dejó eso para lanzarle una mirada amenazadora a la enfermera, que la correspondió con una mueca muy bien disimulada.
Cuando salió, Akane se sentó al lado de la cama donde Ranma descansaba y lo miró con los ojos entrecerrados y los brazos cruzados. Sabía perfectamente que era una mentira; Ranma tenía las mejillas rosas y los ojos brillantes, se veía tan fuerte como siempre y no era más que un teatro. Le puso una mano en la frente para sentir su temperatura.
—¿Estás fingiendo verdad?
Ranma apartó la mano de Akane de su frente con un ligero manotazo y la miró con los labios fruncidos.
—No estoy fingiendo, de verdad estoy enfermo… aún. El doctor dijo dos semanas y aún faltan tres días para que se cumplan esas dos semanas.
Akane lo miró fijamente por unos segundos y sonrió. En los últimos días ella le había dedicado varias sonrisas. Algunos eran tan sólo esbozos, otras eran medias, como las que mostraba a las personas por mera cortesía. Otras —dos o tres veces— había sonreido tan ampliamente que Ranma se había sentido mareado al ver sus ojos chispeantes y la sonrisa incontenible que casi no cabía en su rostro. La primera vez fue cuando tuvieron que ponerle las inyecciones. Se aferró tanto a su pequeña mano que en pocas horas Akane tuvo moretones en donde había clavado sus dedos. Era imposible —había dicho ella— que un artista marcial que podía romper una pared con su puño fuera tan cobarde frente a una pequeña inyección, pero se había divertido tanto viéndolo sufrir por algo tan estúpido como eso que terminó con una gran sonrisa en el rostro. Ranma por su parte cobraba venganza haciéndola rabiar a cada oportunidad, pero a pesar de ello, Akane nunca se separaba de su lado.
Y la vida era tan diferente…y tan...
Los primeros días fueron un martirio. A causa del medicamento él se quedaba dormido cada dos horas y Akane se quedaba en el silencio de la habitación de hospital observando sus rasgos perfectos, su nariz perfilada y rojiza por la alta temperatura. El cabello espeso y oscuro, brillante, debían cuidar mucho su imagen. Verlo así le inquietaba. Y sus palabras. Palabras que a veces surgían de lo más profundo de sus delirios, palabras alentadas por la fiebre. Palabras que Akane no sabía si creer o no, que la acompañaban también en sus sueños, que trataba de borrar de su mente sin conseguirlo.
—Tengo que resolver un asunto importante hoy— dijo Akane mientras le acomodaba la cobija para que estuviera bien cubierto —. Volveré más tarde.
—¡No! —dijo él incorporándose en la cama y sujetándola por el antebrazo —. Estoy enfermo. Si te vas podría empeorar en cualquier momento y…
—Para eso está tu enfermera estrella— le dijo con un atisbo de burla y safándose de su agarre.
—No irás a ninguna parte— dijo amenazador.
Akane frunció los labios.
—Es algo muy importante.
—¡No! ¡no! y ¡no!
—No te estoy pidiendo permiso. ¡Qué pesado!
—¿Qué es más importante para ti que mi salud? ¡Es tu culpa que yo esté así!
—Volveré por la noche.
—¡Entonces iré contigo!
—¡Oh no! —dijo burlona—. Estás muy enfermo y afuera hay una gran nevada. Tenemos que cuidar tu salud, ¿no?
Ranma hundió la barbilla en el pecho y frunció los labios.
—Eres cruel.
Akane encogió los hombros en señal de que no le importaba lo que él pensara. Sonrió ampliamente de nuevo. Cuando sonreía así, sus ojos desaparecían en el movimiento que hacían sus mejillas elevadas. Empezaba en una línea que formaban sus labios, poco a poco los entreabría y mostraba una tímida sonrisa, pero si tenía el suficiente impulso los extendía y quedaba tan larga en su rostro que lo abarcaba casi por completo. Pero así como era de fugaz, desaparecía al poco tiempo y sus labios volvían a ser esos pequeños pedazos de carne perfectamente delineados.
Si tan solo pudiera perpetuarla.
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ranma 1/2
domingo, 4 de noviembre de 2012
Life lately
Este gif expresa, básicamente, cómo me he sentido los últimos días.
Iba a llenar esta entrada de puras quejas, pero a nadie le gusta leer quejas, así que lo dejo por ahora.
Sobre mi historia "La Reina de la Nieve" lamento decir que no hay gran cosa. Los borradores están listos, de pronto me surgen ideas y escribo, pero no puedo acabar un capítulo completo porque siempre hay algo que hacer: tarea, trabajo, dormir, o limpiar (como odio limpiar). Me siento culpable y frustrada; culpable porque no me gusta dejar a los lectores con tal incertidumbre, y frustrada porque me encanta escribir, y me encanta mi historia, pero a veces estoy tancansada que lo único que quiero es tomar un baño y dormir.
No imaginé que sería tan difícil, sinceramente. Pensé que podría manejar bien eso de la escuela + trabajo + vida personal. Pero la verdad es que un 70% de mi vida se la está llevando la universidad, el 20% el trabajo y el 10% lo utilizo para dormir. No hay tiempo para escribir. Y de alguna manera me siento mal, porque sé que si quisiera podría hacer el tiempo, incluso si debiera sacrificar comida o descanso. Esto prueba que soy malísima escritora.
Por otra parte creo que lo que está fallando es mi método de organización (o mi falta de organización). Aunque soy muy obsesiva y controladora con algunas cosas, puedo ser bastante desorganizada con otras. Quizá si me hiciera algún horario que debiera respetar (una hora para esto, otra para aquello) podría distribuir el tiempo bien y no me estaría volviendo loca como en este momento.
Estoy enojada y cansada y harta y decepcionada y con ganas de cambiar de vida.
sábado, 20 de octubre de 2012
No es que haya sido feliz.
Lo que pasa es que me resigné a la vida. Antes pensaba que no merecía vivir, por muchos y múltiples motivos, que el hecho de que estuviera aquí sólo había sido un accidente. Aún sigo pensando lo mismo, pero ése pensamiento ya no me mantiene llorando por las noches ni hace que me lastime a diestra y siniestra.
Simplemente me resigné. Sí, mi vida sigue siendo un accidente. Soy fea, soy pobre, no soy carismática, ni siquiera inteligente, no tengo talento alguno, soy sólo uno de esos tantos seres humanos que nacieron, crecen y morirán en el anonimato. Yo no nací para brillar, nací para ser nadie, nada, una materia más ocupando un lugar en el espacio.
Lo más triste es que me he resignado a este pensamiento. A partir de ello he renunciado a muchas cosas: a la posibilidad de buscar a una persona a la cual amar y que me ame, a la aventura de una familia propia —me digo constantemente que mis hijos serían bastante feos—, al éxito, a la fama. Y ya ni siquiera me duele.
Me sentaré aquí a leer y escribir mientras la muerte llega, parece una buena forma de pasar el tiempo.
Simplemente me resigné. Sí, mi vida sigue siendo un accidente. Soy fea, soy pobre, no soy carismática, ni siquiera inteligente, no tengo talento alguno, soy sólo uno de esos tantos seres humanos que nacieron, crecen y morirán en el anonimato. Yo no nací para brillar, nací para ser nadie, nada, una materia más ocupando un lugar en el espacio.
Lo más triste es que me he resignado a este pensamiento. A partir de ello he renunciado a muchas cosas: a la posibilidad de buscar a una persona a la cual amar y que me ame, a la aventura de una familia propia —me digo constantemente que mis hijos serían bastante feos—, al éxito, a la fama. Y ya ni siquiera me duele.
Me sentaré aquí a leer y escribir mientras la muerte llega, parece una buena forma de pasar el tiempo.
domingo, 14 de octubre de 2012
Ride - Lana Del Rey
Estaba en el verano de mi vida y los hombres que conocí a lo largo del camino eran mi único verano. En la noche me quedaba dormida con visiones de mí bailando y riendo y llorando con ellos. Tres años seguidos de estar en una interminable gira mundial y mis recuerdos de ellos fueron las únicas cosas que me sostuvieron y mis únicos momentos felices reales. Era una cantante, no muy popular, que alguna vez tuvo sueños de convertirse en una hermosa poetisa, pero en una serie de eventos desafortunados, vi esos sueños discontinuados y divididos en un millón de estrellas en el cielo nocturno que yo deseaba una y otra vez, resplandecientes y rotos. Pero realmente no me importó porque sabía que se necesita tener todo lo que siempre quisiste y después perderlo para saber lo que es la verdadera libertad.
Cuando la gente que conocía se enteró de lo que había estado haciendo, cómo había estado viviendo, me preguntaron por qué. Pero no tiene caso hablar con gente que tiene un hogar, ellos no tienen idea de lo que es buscar seguridad en otras personas, que la casa sea en cualquier lugar en donde pones tu cabeza.
Siempre fui una chica inusual, mi madre me dijo que tenía una alma camaleónica. Sin brújula moral que apuntara hacia el norte, sin personalidad fija. Sólo una indecisión interna que era tan inmensa y tan ondeante como el océano. Y si dijera que no planeé que esto fuera así, estaría mintiendo. Porque yo nací para ser la otra mujer. Quien pertenecía a nadie, pero pertenecía a todos, quien no tenía nada y quería todo, con fuego por cada experiencia y una obsesión por la libertad que me aterrorizaba al punto de que ni siquiera podía hablar de ello y que me empujó a un punto de locura nómada que me deslumbraba y mareaba.
Todas las noches solía rezar para encontrar a mi gente —y finalmente lo hice— en el camino. No teníamos nada que perder, nada que ganar, nada que deseáramos más excepto hacer de nuestras vidas una obra de arte.
Vive rápido. Muere joven. Sé salvaje. Y diviértete.
Creo en el país que América solía ser. Creo en la persona en la que me quiero convertir.
Creo en la libertad del camino. Y mi motto es el mismo de siempre:
Creo en la bondad de los extraños. Y cuando estoy en guerra conmigo misma viajo. Sólo viajo.
¿Quién eres tú? ¿Estás en contacto con todas tus fantasías oscuras?
¿Has creado una vida para ti en la que eres libre para experimentarlas?
Yo sí.
Estoy jodidamente loca. Pero soy libre.
El monólogo es la cosa más brillante que he escuchado en los últimos meses. Es todo lo que yo quiero: libertad. Esta canción, este vídeo, me hacen sentir tantas cosas...
Y la escena de Lana columpiándose sobre una llanta en medio del desierto... tan libre...
miércoles, 10 de octubre de 2012
Lo que tú necesitas
Todos creen que saben qué necesito:
—Necesitas un hombre.
—Necesitas perder algo de peso.
—Necesitas concentrarte más.
—Necesitas organizarte mejor.
—Necesitas ir con tu doctor.
—Necesitas volver a comer carne.
—Necesitas una buena cogida.
Pero lo único que necesito, lo único que ansío con todo mi ser es la libertad. Poder vivir por mí y para mí, sin que me importe un bledo si alguien estará esperando algo en especial de mi parte. Quiero vivir sin compromisos sentimentales que me aten a una vida cómoda, que me alejen de las luces y de los prados, y de las tazas de porcelana y los alfajores a la media tarde. Quiero que me digan "es suficiente, ahora puedes vivir por ti misma" aunque muera de miedo, aunque me aterre al primer paso que de.
Necesito encontrar gente a la que pueda abrazar un rato, quien me pueda transmitir su calor durante el invierno —quizá desnudos—que me acaricie mientras duermo y a quien pueda sonreírle en medio de la noche. Pero que nunca me llame "novia", que nunca me llame "esposa", que nunca me llame "el amor de su vida", que me deje ir el día que decida irme.
Quiero comerme al mundo. Sufrir la soledad a cientos de kilómetros de casa. Protegerme a mí misma, saber que soy la única en la que puedo confiar. Caminar sola por las calles si así lo quiero, cargar con un celular al que me llamen una vez por semana.
Necesito leer, vivir a través de la ficción, sanarme a través de las letras. Escribir un montón, pero jamás publicar. Vivir decentemente, comprando cuando se me de la gana y gastando cuanto esté en mi poder. Necesito sobrevivir a la crisis en la que todos entran una vez cumplidos los 30, llegar a los 42 y decirle a mis padres: les dije que nunca tendría hijos, ¿ven? Que mis sobrinos me vean como la tía solterona, "la señorita". Sin eventos del día de las madres, sin una argolla matrimonial, sin haber adoptado otro apellido. Sin nada de eso, pero con libertad.
Necesito morir antes de los sesenta para no ser presa de mi propio cuerpo. Necesito dejar de pensar en un futuro compartido. Necesito ser libre siempre.
Necesito vivir sin arrepentirme de nada.
—Necesitas un hombre.
—Necesitas perder algo de peso.
—Necesitas concentrarte más.
—Necesitas organizarte mejor.
—Necesitas ir con tu doctor.
—Necesitas volver a comer carne.
—Necesitas una buena cogida.
Pero lo único que necesito, lo único que ansío con todo mi ser es la libertad. Poder vivir por mí y para mí, sin que me importe un bledo si alguien estará esperando algo en especial de mi parte. Quiero vivir sin compromisos sentimentales que me aten a una vida cómoda, que me alejen de las luces y de los prados, y de las tazas de porcelana y los alfajores a la media tarde. Quiero que me digan "es suficiente, ahora puedes vivir por ti misma" aunque muera de miedo, aunque me aterre al primer paso que de.
Necesito encontrar gente a la que pueda abrazar un rato, quien me pueda transmitir su calor durante el invierno —quizá desnudos—que me acaricie mientras duermo y a quien pueda sonreírle en medio de la noche. Pero que nunca me llame "novia", que nunca me llame "esposa", que nunca me llame "el amor de su vida", que me deje ir el día que decida irme.
Quiero comerme al mundo. Sufrir la soledad a cientos de kilómetros de casa. Protegerme a mí misma, saber que soy la única en la que puedo confiar. Caminar sola por las calles si así lo quiero, cargar con un celular al que me llamen una vez por semana.
Necesito leer, vivir a través de la ficción, sanarme a través de las letras. Escribir un montón, pero jamás publicar. Vivir decentemente, comprando cuando se me de la gana y gastando cuanto esté en mi poder. Necesito sobrevivir a la crisis en la que todos entran una vez cumplidos los 30, llegar a los 42 y decirle a mis padres: les dije que nunca tendría hijos, ¿ven? Que mis sobrinos me vean como la tía solterona, "la señorita". Sin eventos del día de las madres, sin una argolla matrimonial, sin haber adoptado otro apellido. Sin nada de eso, pero con libertad.
Necesito morir antes de los sesenta para no ser presa de mi propio cuerpo. Necesito dejar de pensar en un futuro compartido. Necesito ser libre siempre.
Necesito vivir sin arrepentirme de nada.
domingo, 23 de septiembre de 2012
Acerca de eso llamado "amor"...
Tengo unas horribles ideas acerca del amor, unas que nadie entiende ni comparte. Que a veces duelen, que a veces no entiendo, que me dejan triste cuando voy a dormir, que me hacen refugiarme en la ficción una y otra vez, que me hacen preguntarme si en el mundo hay casualidades o todo es simplemente destino.
No es que no crea en el amor, —entiéndase que cuando hablo de amor me refiero al sexual, Eros—he estado enamorada y sé lo fuerte que puede llegar a ser, sé cómo se siente caminar sobre algodón e ir a la cama con una sonrisa y que esa persona esté siempre en los sueños, siempre en los pensamientos. No, no es que no crea que el amor real existe. Mi idea fatalista sobre el amor la planteo de esta manera: No todos conocerán a su pareja ideal en esta vida y los que lo consiguen, son afortunados.
Trataré de explicarlo de manera sencilla. Es posible que en esta vida amemos a dos o tres personas diferentes. No hablo del enamoramiento falso que algunas personas dicen sentir sólo como excusa para iniciar una relación que terminará a los dos meses. Hablo de ése amor que lo derriba todo, que destruye, que duele, que inspira. Pero, ¿cuántas veces seremos correspondidos? Tal vez, debido a nuestra insistencia, esa persona termine por dar su brazo a torcer y nos corresponda, pero ahí ya entró una labor de convencimiento.
Para mí el amor entre dos personas, es decir, el amor mutuo, debe ser como un choque eléctrico, perceptible desde el primer momento. Debe ser de tal manera que cuando esas dos personas se conozcan por primera vez vean en los ojos de la otra —sea tan claro— que están hechas la una para la otra. Hay una diferencia muy grande entre éste choque, este "amor a primera vista" y un amor unilateral que se convierte en correspondido después de arduo trabajo.
Hasta aquí todo parece muy romántico, pero la parte fea viene al explicar mi primera hipótesis. Llama mi atención como la gente consuela a otra gente diciéndole: "Ya llegará el/la indicado/a", "Ya conocerás a tu amor ideal", "Ya viene algo mejor" como si tuvieran la certeza absoluta de que va a suceder. Para mí no es así. Creo que hay un cincuenta por ciento de probabilidades de que conozca a mi persona ideal y el otro cincuenta por ciento me destina a una vejez dentro de una casa victoriana, rodeada de gatos y pajaritos a los que les perderé la cuenta, merendando alfajores y té mientras leo a Baudelaire —hey, puesto así no suena tan mal—.
Si observamos el mundo de alrededor nos daremos cuenta de que no, no estamos destinados a ninguna persona en especial y en esta vida no tenemos asegurado el encontrar a una persona que nos complemente perfectamente. De ahí que gente maravillosa muera en completa soledad. Me recuerda por ejemplo a un amigo de mi padre que pudo haberle robado el título a Teresa de Calcuta y sin embargo murió joven, víctima de cáncer, totalmente solo.
Las personas que logran conocer al amor de su vida son afortunadas. Son como esa gente que nace en familias millonarias y heredarán una vez que cumplan dieciocho, y para los veinticinco tendrán una fortuna tan enorme que perderán la cuenta de cuánto hay en el banco. O como esas chicas que heredan los perfectos ojos azules del padre y los pómulos de la madre y para los catorce, mientras trabajan de meseras en un McDonald's serán descubiertas por un agente y las lanzará a las portadas de Vogue o a las pasarelas de Chanel. O como esos niños prodigio que, teniendo tan solo tres años, escuchan una pieza de Schubert y la reproducen en el piano con tal maestría que los periódicos asegurarán que se convertirá en el nuevo Mozart. Así las personas que logran conocer al amor de su vida: viven una vida normal, pero nacieron con esa estrella invisible sobre sí, es cosa de destino. Conocerán al amor de su vida, quizá en la biblioteca, en el metro, en el supermercado, en una fiesta, por internet, en una galería de arte, en un bar, en un parque, en la calle. Lo sabrán al instante y no será necesario forzar nada, porque ambos están destinados.
Los demás tienen que conformarse con buscar a alguien que sea agradable a los ojos, ilusionarnos un poco, hacer labor de convencimiento y ver si funciona. Forzarse a continuar una relación porque ya tienen treinta y cinco y el avión se está pasando. Resignarse a que pasarán el resto de su existencia con esa persona que creen amar, que creen el amor de su vida, aún cuando inconscientemente saben que es una autoimposición.
Y estas ideas tan tristes me han tenido sin dormir hasta altas horas de la noche y despertarme tempranísimo sin haber descansado mas que tres horas. Me tiene tan deprimida pensar que quizá no estoy dentro de los afortunados. No porque quiera enamorarme y vivir la historia más loca y maravillosa del mundo, sino porque si no es así otra vez me sentiré excluida de las gracias de la creación.
Por el momento no me queda mas que vivir esas historias a través de lo que escribo y lo que leo, que eso es eterno y me mantendrá viva mientras quiera.
domingo, 9 de septiembre de 2012
Warabigami. Capítulo 2.
Warabigami
por Jade Haze
Capítulo 2
/1/
Los claveles rojos brillan como rubíes sobre la tumba de su madre. Son grandes, relucientes, y están armónicamente acomodados en un ramo. Akane cree ver ligeras gotas de rocío sobre ellos y sabe que no hace mucho tiempo que están ahí. Instintivamente da un vistazo hacia ambos lados, pero cerca de ella no hay nadie, ni una sola alma, ni siquiera el hombre que se encarga de la limpieza del cementerio. Regresa su vista a las flores que han llegado misteriosamente y luego mira el pequeño ramo que ella lleva en sus manos, los compara y el suyo sale perdiendo. Su economía no está del todo bien últimamente y viajar de Tokio a Okinawa no era precisamente barato.
«¿Pero de dónde habrán salido?»
Una brisa juega con su cabello. A pesar de que aún es otoño el aire frío ya comienza a sentirse, sobre todo a tan tempranas horas de la mañana. Deposita sus humildes flores junto a las otras y se da tiempo para hacer unas reverencias y las correspondientes oraciones. Abre sus ojos y sonríe con nostalgia. Perdió a su madre hacía trece años, pero durante toda su infancia su padre nunca dejó morir el recuerdo y lo mantuvo vivo mediante relatos, fotografías, y el pequeño altar que hasta la fecha mantiene en su habitación. Recuerda la bella fotografía . Aún puede ver el sol resplandeciente tras de ella, con su sonrisa afable y consolandola porque el clavel que le ha comprado se ha roto, diciéndole que todo estará bien y sintiendo su abrazo, aspirando su aroma, secando las lágrimas en su ropa que siempre tenía fragancia.
—Mamá — dice, y su voz se mezcla con el ruido de las olas del mar—. ¡Voy a enseñar artes marciales en la universidad!
Guarda unos segundos de silencio para continuar, como si esperara a que su madre asimilara la noticia.
—Seguro que ya lo sabes, pero quería contártelo. Estoy muy emocionada, no sé si lo haré bien ¿Tú qué crees? Estarás pidiendo por mí, ¿verdad? Sabes que es una gran oportunidad.
A pesar de que está sonriendo, su corazón está oprimido. Recuerda que las artes marciales fueron su único refugio cuando la perdió. Era la forma en la que podía canalizar toda su tristeza, su frustración y su ira.
—Kasumi sigue insistiendo en que deje a un lado las peleas y comience mi entrenamiento para el matrimonio —suelta una risita apenada y luego baja la mirada —. Sabes que soy un desastre en la cocina, no sé bordar, ni tejer, ni nada de esas cosas en las que ella es buena.
Akane mira a la inscripción donde está tallado el nombre de su madre y se detiene especialmente en su apellido: Tendo. Su madre se había convertido en la esposa de Soun Tendo, y lo había hecho con tanta gracia y dedicación que su padre no tiene qué hablar más que cosas buenas de ella. Pero Akane... ella es un desastre. En tan sólo diez meses se convertirá en la señora Hibiki —qué extraño sonaba aquello— y la verdad es que está segura de que será la peor esposa del mundo. Su vista se nubla y de un tallón saca las lágrimas de sus ojos antes de que rueden por las mejillas.
—¿Estás decepcionada de mí? — hace una pausa antes de continuar—. Papá a veces parece estarlo. De todas las mujeres del Japón, creo que soy la única que no puede hervir ni agua — ríe, pero su sonrisa vuelve a opacarse —.Quisiera saber, si estuvieras aquí ¿qué querrías para mí?
Pasa unos minutos contemplando la tumba, pero no tiene más respuesta que otra brisa de aire, esta vez un poco más cálida, lo suficientemente agradable como para hacerla sonreír. Con pesar, se despide de su madre y toma su camino, echándole antes un vistazo a los claveles que llegaron antes que los suyos.
Siguen resplandeciendo, tan rojos como la sangre.
Ya es de noche cuando Ranma llega al Nekohanten. Lo primero que ve al entrar es a Jia Li limpiando las mesas mientras tararea una canción. La chica de cabello rojizo está a punto de decir que ya no hay servicio cuando ve a Ranma entrar con una expresión fastidiada y una ligera mochila al hombro.
—Bienvenido, xiān sheng Saotome.
Ranma sólo levanta la mano en señal de saludo. Se dirige a las escaleras del segundo piso cuando Shampoo se interpone en su camino, consigo lleva a su pequeño hijo Jin. El niño extiende sus pequeños brazos hacia Ranma entre quejidos, su rostro se está contrayendo y pronto comenzará a llorar. Ranma lo toma entre sus brazos y lo carga en el aire. Está agotado, hacer un viaje así en menos de veinticuatro horas ha acabado con su característica vitalidad, pero aún así siempre tiene tiempo para el pequeño.
—¿Me extrañaste? —le pregunta.
—Sí —contesta con una voz dulce —.Mamá me regaña todo el tiempo cuando tú no estás.
—Eso es porque la haces enojar.
—Pero yo me porté bien —dice el niño recostando su rostro en el hombro de Ranma.
Ranma ríe y le da unas palmaditas en la espalda.
—Entonces mi deber es castigar a tu madre por tratarte tan injustamente.
Shampoo cruza los brazos y los mira con los ojos entrecerrados.
—Sigue consintiéndolo y el castigado será otro —dice en perfecto chino—. Abuela está muy enojada porque te has ido sin decirle a donde.
—Cologne sabe que no me gusta que se metan en mis asuntos —contesta Ranma.
Shampoo posa una de sus manos sobre su cintura y se queda viendo al vacío. Tuerce un poco los labios, no le gusta nada la actitud que Ranma ha tenido desde que se mudaron a Japón. Se ha comportado muy frío con Cologne y con ella, incluso con el pequeño Jin. A veces lo encontraba muy quieto, con la mirada perdida en algún lugar, distraído. Ya no hace comentarios graciosos y sonríe poco. Definitivamente algo está perturbando su mente.
—¿Quieres que te prepare algo de cenar? —dice Shampoo adelantándose a la cocina.
—No es necesario. Tomaré un baño e iré a dormir. Estoy cansado.
Shampoo lo observa alejarse con el niño en brazos. Ni siquiera la miró a los ojos durante toda la plática. Algo anda mal y ella iba a descubrir de qué se trata.
/3/
Akane respira agitadamente, hay gotas de sudor en su frente que pronto se deslizan por el contorno de su rostro. Trae puesto su gi amarillo, el que usaba para entrenar cuando era adolescente. Ya no le queda muy bien, los pantalones le quedan cortos y se pegan mucho a sus caderas, los hombros los siente un poco apretados, sin embargo le gusta practicar con ése gi, cree que le trae buena suerte.
—¡Te pedí que me atacaras, no que jugaras conmigo! —le grita a su contricante.
Ryoga está en el otro extremo del dojo. Ha dejado su posición de combate y ahora está relajado frente a ella. La mira con intensidad. Akane sabe que está esperando el momento preciso para atacarla y eso le hace sentir una maraña de nervios en el vientre.
En un parpadeo Ryoga está tras de ella. Da una patada a sus piernas y la hace caer. Akane se incorpora en un salto, impulsándose con los brazos y dando un par de vueltas en el aire. Cae justo en el lugar donde Ryoga estaba antes y le lanza una serie de interminables patadas al área del rostro. Ryoga las esquiva, pero no con tanta facilidad con la que lo hacía hace algunos años. Sus piernas han crecido y tienen mayor alcance. Además es muy hábil, demasiado rápida, casi como él. Parece que vivir y entrenar sola le ha ayudado a mejorar.
Ryoga piensa en derribarla con un golpe —uno que ella pueda soportar — en el abdomen, pero su brazo es interceptado por ella, quien lo toma y lo lanza por encima de su cuerpo. Escucha el sonido del cuerpo de Ryoga golpear contra la duela del dojo, pero en breve él ya está listo para atacar de nuevo. Ryoga da un golpe a su hombro para desequilibrarla y entrelaza una de sus piernas con la de ella. Akane cae al suelo y él se coloca sobre ella.
—¿Esto es jugar contigo?
Akane no responde. En esa posición le es difícil recuperar el aire para poder hablar. Pero lo que más le pesa es que aún no es lo suficientemente hábil, a pesar de que Ryoga nunca utiliza toda su fuerza contra ella. La suelta del agarre y Akane puede incorporarse, algo apenada. Se talla el brazo que le ha quedado un poco adolorido y se sienta sobre sus piernas.
—Has mejorado mucho —dice Ryoga.
—No lo suficiente— responde Akane
—Ya será. Practicas mucho.
—Quizá simplemente no sirva para esto— dice con fastidio.
—¿Cómo dices eso Akane? Sabes bien que no es cierto.
Akane hunde su barbilla en el pecho. Está molesta. Ella comenzó a entrenar un año antes que Ryoga, sin embargo él tenía una habilidad natural para las artes marciales y a pesar de su duro entrenamiento, nunca podía vencerlo. Nunca podía ser tan buena como él.
Ryoga se recuesta sobre la duela del dojo y cierra los ojos. Akane sigue sentada y abrazando sus rodillas.
—No tiene caso que te frustres por ello ahora. Sólo necesitas seguir entrenando y ya.
Se incorpora para quedar justo a la altura de ella.
—Estoy seguro de que te irá muy bien, eres la fuerte y necia Akane Tendo, ¿se te olvida?
Le da un fugaz beso en la mejilla que hace que Akane se sonroje.
Le sonríe. Sí, todo irá bien.
/4/
Está observándola a la distancia mientras ella está parada en el medio del gimnasio. No trae puesta ropa tradicional, más bien ropa deportiva que marca demasiado bien su cuerpo. «Mala idea teniendo un alumnado de diez hombres en edad fértil» piensa. Ve cómo se recoge el cabello largo en una coleta para que no le estorbe durante el entrenamiento. No es muy alta, pero definitivamente ha crecido. Ha crecido mucho.
Akane tiene la mirada firme a su frente, pero de pronto parece quebrarse un poco y se toca el vientre. Dentro de ella su estómago está dando vueltas como loco y de pronto siente que va a vomitar. Está demasiado nerviosa, sólo faltan algunos minutos para que sus nuevos alumnos entren por la puerta. Una puerta que ella observa mientras aprieta y relaja los puños.
—Lo harás bien — le grita Ranma y su voz retumba en todo el gimnasio.
Akane voltea y lo ve ligeramente recostado contra el marco de la entrada trasera, sonriéndole. Es él de nuevo, el chico de la prueba. Abre la boca para decir algo y su cuerpo está a punto de avanzar hacia él, pero en ése momento la puerta se abre y un grupo de jóvenes con trajes deportivos naranjas comienza a entrar. El chico da la vuelta para alejarse y Akane no tiene oportunidad de hablar con él, aunque quiso gritarle que se detuviera y le dejara hablar un minuto. Está demasiado perturbada de nuevo, pero se obliga a hacer un esfuerzo para poder concentrarse en su clase.
Frente a ella, un total de diez estudiantes la observan con curiosidad. Nota que algunos están a la defensiva, y otros cuantos la miran con un gesto divertido. Ahora sí va a vomitar. Siente la necesidad de salir corriendo y olvidarse de todo, pero es algo que no puede hacer. Necesita controlarse.
—Bien— respira profundamente —. Mi nombre es Tendo sensei y…
/5/
Entra a la oficina seguida por el profesor Yamato y se sorprende al ver que el chico de la trenza está sentado en una de las sillas hojeando un libro en chino, con las piernas recostadas sobre el escritorio.
—Vaya, parece que al fin tendré la oportunidad de presentarlos —dice Yamato mientras busca su encendedor en los bolsillos.
Ranma levanta la vista por encima del libro y al verlos lo deja con desgano y se pone de pie frente a ellos. Akane tiene que levantar la vista para poder mirarlo a los ojos, es alto, mucho más que ella. Otra vez viste ropa china, pero en color blanco.
Le mira los ojos, tan azules y vivaces, el cabello negrísimo y largo, los labios perfectamente formados… y piensa que…
—Tendo, éste es…
…no puede ser que después de tanto tiempo de estarlo esperando...
—...Saotome…
…haya vuelto así como así…
—...Ranma Saotome…
…sin siquiera intentar buscarla.
Lo que sigue al nombre "Ranma Saotome" no lo escucha. Después creería haber entendido que era estudiante universitario y que venía de China y algo de un grupo, pero en aquél instante su mente se cubre de una carcasa de recuerdos; palabras e imágenes pasan dentro de ella con la velocidad de un relámpago.
«¿Ranma?»
/6/
—Y éste es Ryoga Hibiki, es mi mejor amigo, creo que irán a la misma escuela.
El chico la mira un poco retraído, pero al final levanta su mano y estrecha la pequeña mano de Akane. Justo en ése momento ella le sonríe, tanto que sus ojos desaparecen de su rostro, y entonces Ranma siente que un rubor se apodera de sus mejillas.
—¿Quieres venir? —pregunta Akane a Ranma.
—¿Qué?— dice Ryoga molesto —. ¡Él no puede venir!
—¿Por qué? —le pregunta Akane con inocencia.
—Mamá siempre prepara muchos nikkumari… Si quieres puedes venir a cenar con nosotros.
—¡Akane! —grita Ryoga.
—No es necesario… yo… no tengo hambre— dice Ranma apenado.
—Si quieres podríamos ir con tu mamá a pedirle permiso —insiste Akane —. Yo lo haré, si quieres, podría conocer a mi mamá y... ella es muy buena, estoy segura de que se llevarán bien.
—Yo…
De pronto el mundo se ha encogido para Ranma. Está apretando los puños y mira hacia el suelo.
—Yo no tengo mamá.
Akane parpadea varias veces. De pronto se siente mal por haberle dicho eso. No sabía lo que era vivir sin una mamá, seguro que el chico la tenía difícil.
—Entonces ¿Vives con tu papá?
—Sí pero… casi nunca está en casa…— dice sin levantar la mirada.
—¿Entonces no hay problema si nos acompañas? —Ranma la mira a los ojos, otra vez está sonriéndole y la tristeza súbita que le embargó al recordar a su madre se disipa al ver las mejillas tan rosadas de su nueva amiga—. No tardaremos mucho, y seguro que te van a gustar. Mamá cocina delicioso.
Él la mira y entonces se siente muy afortunado de haberla encontrado. La vida en Nerima ya no le parecía tan mala después de todo.
/7/
Ranma hace una pequeña reverencia. Luego la mira y le sonríe con una complicidad en el rostro que ella conocía muy bien.
—Mucho gusto, soy Ranma Saotome.
—A-Akane Tendo —atina a decir, aún sin estar segura de que es eso lo que debía decir.
—Tendo es estudiante de sexto, es hija de un gran artista marcial, Soun Tendo… ¿has oído hablar de él?
Ranma asiente, la diversión no desaparece de su rostro.
—Ranma...—dice Akane en un susurro mientras sus ojos comenzaban a arder.
Él le sonríe. Las sonrisa amplia e infantil que ella recordaba. La sonrisa que forma parte de sus recuerdos más tristes y más bellos. Era él. El niño cuyas palabras la tranquilizaban, quien hacía todo por protegerla, con quien peleaba más que con nadie, pero quien siempre estuvo dispuesto a limpiar sus lágrimas. Hasta el día en que se fue.
—Has crecido, Akane.
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Continuará.
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