martes, 20 de noviembre de 2012

La Reina de la Nieve. Capítulo 11. Adelanto.

Con este frío que se llegó a la ciudad y nos acompaña desde hace dos semanas me han dado unas ganas terribles de escribir. Y este clima gélido me inspira a continuar con "La Reina de la Nieve", que lleva estancada, creo yo, un par de meses. 

Lastimosamente, el capítulo once aún no está listo en su totalidad. Algunas escenas inconclusas, otras que no terminan de convencerme, otras que me parecen demasiado dramáticas, casi no las soporto. Lo peor del caso es que estoy en finales de la universidad y eso me absorbe todo el tiempo del mundo, por tanto no, no estará listo pronto. Espero estar libre para los primeros días de diciembre y dedicarle todo un día a escribir el capítulo, como en los viejos tiempos.

Por ahora les dejo con un adelanto, que es la primera parte del capítulo once.

Saludos,
Jade. 


La Reina de la Nieve

por Jade Haze

Capítulo 11

/1/


Pero sí necesitó un doctor y no sólo eso, también varias inyecciones, medicación, muchos líquidos y dos semanas de reposo antes de regresar a Tokio, víctima de una infección respiratoria. Era ya la mitad de la segunda semana y Ranma estaba completamente repuesto, pero si aguantar tres días más en cama le suponía la compañía de Akane, bien podía soportarlos.

La estrategia fue hacer sentir a Akane responsable de su enfermedad y esta, sin poder librarse aún de la vergüenza que le causaban sus recientes acciones, no tuvo más remedio que aceptar quedarse a su lado incluso cuando era imperante que volviera a Japón. Lo difícil fue explicárselo a Ryoga y a Ukyo, que no auguraban nada bueno de esa estancia, pero que abandonaron América sin estar aún convencidos de que dejar a ese par fuera una buena idea. La única forma en la que Ryoga se tranquilizaba era pensando que teniendo a Kento en la ciudad, Akane no se atrevería a hacer algo que pudiera poner en riesgo a su empresa.

—La temperatura es normal— dijo la enfermera que le habían asignado en el hospital. Era una chica bella, con los pómulos bien marcados y piernas estilizadas. Veía a Akane con algo de desdén y esta la correspondía. Ranma aprendió su nombre con facilidad, pero Akane nisiquiera se molestaba en voltear a verla. 

—Yo aún me siento débil, debo tener fiebre —contestó Ranma con pesadez.  

—El termómetro indica lo contrario, señor Saotome— replicó con una gran sonrisa. Akane la miraba desde el sofá mientras fingía hojear una revista. Solo estando ciega hubiera sido incapaz de percibir el coqueteo en los ojos verdes y lo mucho en que la chica había incrementado su arreglo personal conforme transcurrían los días.

—Pero estoy seguro de que tengo fiebre, o algo. Revise mi pulso, mis pupilas…

La chica sonrió con diversión. Y es que se había dado cuenta de lo mucho que Ranma había estado fingiendo y de cómo trataba de victimizarse a cada oportunidad. Pero lo que no sabía —o trataba de ignorar— es que no era por ella, sino por otra persona. 

—Ya ha dicho que no tiene nada, ya puede retirarse— dijo Akane desde el sillón. Tenía la vista fija en la revista, pero dejó eso para lanzarle una mirada amenazadora a la enfermera, que la correspondió con una mueca muy bien disimulada. 

Cuando salió, Akane se sentó al lado de la cama donde Ranma descansaba y lo miró con los ojos entrecerrados y los brazos cruzados. Sabía perfectamente que era una mentira; Ranma tenía las mejillas rosas y los ojos brillantes, se veía tan fuerte como siempre y no era más que un teatro. Le puso una mano en la frente para sentir su temperatura. 

—¿Estás fingiendo verdad? 

Ranma apartó la mano de Akane de su frente con un ligero manotazo y la miró con los labios fruncidos.

—No estoy fingiendo, de verdad estoy enfermo… aún. El doctor dijo dos semanas y aún faltan tres días para que se cumplan esas dos semanas. 

Akane lo miró fijamente por unos segundos y sonrió. En los últimos días ella le había dedicado varias sonrisas. Algunos eran tan sólo esbozos, otras eran medias, como las que mostraba a las personas por mera cortesía. Otras —dos o tres veces— había sonreido tan ampliamente que Ranma se había sentido mareado al ver sus ojos chispeantes y la sonrisa incontenible que casi no cabía en su rostro. La primera vez fue cuando tuvieron que ponerle las inyecciones. Se aferró tanto a su pequeña mano que en pocas horas Akane tuvo moretones en donde había clavado sus dedos. Era imposible —había dicho ella— que un artista marcial que podía romper una pared con su puño fuera tan cobarde frente a una pequeña inyección, pero se había divertido tanto viéndolo sufrir por algo tan estúpido como eso que terminó con una gran sonrisa en el rostro. Ranma por su parte cobraba venganza haciéndola rabiar a cada oportunidad, pero a pesar de ello, Akane nunca se separaba de su lado. 

Y la vida era tan diferente…y tan...

Los primeros días fueron un martirio. A causa del medicamento él se quedaba dormido cada dos horas y Akane se quedaba en el silencio de la habitación de hospital observando sus rasgos perfectos, su nariz perfilada y rojiza por la alta temperatura. El cabello espeso y oscuro, brillante, debían cuidar mucho su imagen. Verlo así le inquietaba. Y sus palabras. Palabras que a veces surgían de lo más profundo de sus delirios, palabras alentadas por la fiebre. Palabras que Akane no sabía si creer o no, que la acompañaban también en sus sueños, que trataba de borrar de su mente sin conseguirlo. 

—Tengo que resolver un asunto importante hoy— dijo Akane mientras le acomodaba la cobija para que estuviera bien cubierto —. Volveré más tarde. 

—¡No! —dijo él incorporándose en la cama y sujetándola por el antebrazo —. Estoy enfermo. Si te vas podría empeorar en cualquier momento y… 

—Para eso está tu enfermera estrella— le dijo con un atisbo de burla y safándose de su agarre.

—No irás a ninguna parte— dijo amenazador.

Akane frunció los labios. 

—Es algo muy importante. 

—¡No! ¡no! y ¡no! 

—No te estoy pidiendo permiso. ¡Qué pesado!

—¿Qué es más importante para ti que mi salud? ¡Es tu culpa que yo esté así! 

—Volveré por la noche.

—¡Entonces iré contigo! 

—¡Oh no! —dijo burlona—. Estás muy enfermo y afuera hay una gran nevada. Tenemos que cuidar tu salud, ¿no? 

Ranma hundió la barbilla en el pecho y frunció los labios. 

—Eres cruel.

Akane encogió los hombros en señal de que no le importaba lo que él pensara. Sonrió ampliamente de nuevo. Cuando sonreía así, sus ojos desaparecían en el movimiento que hacían sus mejillas elevadas. Empezaba en una línea que formaban sus labios, poco a poco los entreabría y mostraba una tímida sonrisa, pero si tenía el suficiente impulso los extendía y quedaba tan larga en su rostro que lo abarcaba casi por completo. Pero así como era de fugaz, desaparecía al poco tiempo y sus labios volvían a ser esos pequeños pedazos de carne perfectamente delineados. 

Si tan solo pudiera perpetuarla.


7 comentarios:

  1. Enhorabuena!!!! me encanta! veo que has encontrado a tu musa. En serio me gusta mucho, solo con leerlo has conseguido que salga una sonrisa en mi cara.
    Muchas gracias y mucho ánimo.
    Keisa

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  2. Hermoso, perfecto...
    Estaré esperando la continuación
    Atte.

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  3. me gusto mucho lo que lei, gracias por darnos este adelanto, y esperare deseosa la continuacion. salu2

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  4. porfis, actualiza pronto

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  5. Continúa pronto la historia, o al menos has acto de presencia

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  6. ¡¡¡Nubyaaaa!!! mira que ingratas nos hemos vuelto las dos.

    Me encantó el adelanto, tu Akane fría ya no lo está tanto, extraño mucho poder leerte en ff, aunque actualizas siempre en facebook y se te ve muy bien de ánimo (espero no equivocarme).
    Cuídate mucho, ojalá mi mensaje llegue pronto a ti. Un beso.

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  7. enserio me encanta tu forma de escribir, había estado esperando por esto mucho tiempo y valió la pena
    Gracias por actualizar

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